lesmo
Poeta veterano en el portal
Góngora (Fragmentos)
El Andaluz envejecido que tiene gran razón para su orgullo,
El poeta cuya palabra lúcida es como diamante,
…
Harto de su pobreza noble que le obliga
A no salir de casa cuando el día, sino al atardecer, ya que las sombras,
Más generosas que los hombres, disimulan
…
el tafetán delgado de su traje;
…
De aquel sol invernal de la grandeza
Que no atempera el frío del desdichado.
…
Vulgo luciente no menos estúpido que el otro;
…
Pero en la poesía encontró siempre, no tan sólo hermosura, sino ánimo,
…
Ahora el reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
…
Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
…
Menéndez y Pelayo, el montañés henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.
…
Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras el cual aparece su palabra encendida
…
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible
…
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
…
Nulo al fin, ya tranquilo, ente su nada.
LUIS CERNUDA
……………………………………………………………………………………………………………………..
Aprended flores de mí (Fragmento)
La Aurora ayer me dio cuna,
la noche ataúd me dio;
sin luz muriera, si no
me la prestara la Luna.
Pues de vosotras ninguna
deja de acabar así,
aprended flores de mí
lo que va de ayer a hoy,
que ayer maravilla fui
y sombra mía aun no soy.
LUIS DE GÓNGORA
Diálogo entre Luis Cernuda y Luis de Góngora a modo de glosa.
– Andaluz envejecido
con gran razón para orgullo,
crécete en el propio arrullo
de no darte por vencido.
– Un hombre así malquerido
razón le queda ninguna,
blasfemar es, solo una
en tal miseria tremenda,
que es su Dios, ¡qué gran fortuna!
Con esta gastada prenda
la Aurora ayer me dio cuna.
– Tu palabra es un diamante
y la nobleza te obliga,
que en la calle no se diga
al tafetán un desplante.
– La sombra me fue garante,
siempre en ella se guardó
mi apariencia que si no,
más que hombres generosa;
que como me encuentro yo
en su oscuridad, graciosa,
la noche ataúd me dio.
– Ni al alba se desvanecen
con pudor los habladores,
tú te sacias en las flores
que en tu poesía crecen.
– Los desdenes aparecen,
y Pelayo decretó
en un dogmático “no”,
que jamás fuera poeta
y así su opinión quedó,
esa es la vedad completa,
sin luz muriera, si no.
– El árbitro de la gloria,
ese que es vulgo luciente
te dio sueño inconsistente
como paria de la Historia.
– Pues ya ves que mi memoria
no alcanza altura ninguna
y solo como la una
con letrilla dedicada
de culteranismo alguna,
otra, si clara, fue dada
me la prestara la Luna.
– Vive ya Góngora puesto
si muchos en mal aprecio
te trajeron menosprecio
yo te declaro el honesto.
¬– Palabras sois, te contesto,
solo en mi escasez bajuna,
inútil e inoportuna,
y en lo hondo de la noche
¿si fuerais al menos una
para no hacerme reproche?,
¡pues de vosotras ninguna!
– Tu reducto está en tu casa
que es allí donde te subes
para encontrar a las nubes
cuando el ánimo fracasa.
– Paciencia no tengo escasa
que si hasta el cielo subí
y en esta hondura caí,
las entrañas de la tierra
serán todas para mí;
parece tu gusto yerra,
¡deja de acabar así!
– A salvo pusiste el alma
hace siglos, y no pueden
aunque hablen no la agreden,
pero aún no tienen calma.
– Como las hojas de palma
de Jerusalén, que allí
a Dios aclamaron, sí,
luego, en proceder contrario,
con tumulto y frenesí,
lo llevaron al Calvario:
¡aprended flores de mí!
– ¡Tengas ya paz aun vencido
en túmulo funerario!,
ya que tu vivir diario
te fue desagradecido.
– Es el mundo un pobre nido,
al menos en el que estoy,
puesto que ni fui ni soy
y es así que me contemplo,
que ni lo di ni lo doy
en vista ningún ejemplo
lo que va de ayer a hoy.
– Paz a Góngora exaltado
pues a florecer su huerto
lo fuera después de muerto
y que Dios sea loado.
– Este honor que tú me has dado
es como flor de alhelí
que termina siempre así
con la color demudada,
debieras fijarte allí
donde empezara mi nada
que ayer maravilla fui.
– Nulo, al fin, entre tu nada,
ya puedes estar tranquilo
y escucharás el sigilo
de la tumba descansada.
– Puesto que es así tratada,
en la muerte donde estoy,
decreto que ayer y hoy
lo que fue mi poesía,
esa que gratis la doy,
casi nadie la entendía
y sombra mía aun no soy.
El Andaluz envejecido que tiene gran razón para su orgullo,
El poeta cuya palabra lúcida es como diamante,
…
Harto de su pobreza noble que le obliga
A no salir de casa cuando el día, sino al atardecer, ya que las sombras,
Más generosas que los hombres, disimulan
…
el tafetán delgado de su traje;
…
De aquel sol invernal de la grandeza
Que no atempera el frío del desdichado.
…
Vulgo luciente no menos estúpido que el otro;
…
Pero en la poesía encontró siempre, no tan sólo hermosura, sino ánimo,
…
Ahora el reducto último de su casa y su huerto le alcanzan todavía
…
Decretado es al fin que Góngora jamás fuera poeta,
…
Menéndez y Pelayo, el montañés henchido por sus dogmas,
No gustó de él y le condena con fallo inapelable.
…
Viva pues Góngora, puesto que así los otros
Con desdén le ignoraron, menosprecio
Tras el cual aparece su palabra encendida
…
Mas él no transigió en la vida ni en la muerte
Y a salvo puso su alma irreductible
…
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora vencido;
Gracias demos a Dios por la paz de Góngora exaltado;
…
Nulo al fin, ya tranquilo, ente su nada.
LUIS CERNUDA
……………………………………………………………………………………………………………………..
Aprended flores de mí (Fragmento)
La Aurora ayer me dio cuna,
la noche ataúd me dio;
sin luz muriera, si no
me la prestara la Luna.
Pues de vosotras ninguna
deja de acabar así,
aprended flores de mí
lo que va de ayer a hoy,
que ayer maravilla fui
y sombra mía aun no soy.
LUIS DE GÓNGORA
Diálogo entre Luis Cernuda y Luis de Góngora a modo de glosa.
– Andaluz envejecido
con gran razón para orgullo,
crécete en el propio arrullo
de no darte por vencido.
– Un hombre así malquerido
razón le queda ninguna,
blasfemar es, solo una
en tal miseria tremenda,
que es su Dios, ¡qué gran fortuna!
Con esta gastada prenda
la Aurora ayer me dio cuna.
– Tu palabra es un diamante
y la nobleza te obliga,
que en la calle no se diga
al tafetán un desplante.
– La sombra me fue garante,
siempre en ella se guardó
mi apariencia que si no,
más que hombres generosa;
que como me encuentro yo
en su oscuridad, graciosa,
la noche ataúd me dio.
– Ni al alba se desvanecen
con pudor los habladores,
tú te sacias en las flores
que en tu poesía crecen.
– Los desdenes aparecen,
y Pelayo decretó
en un dogmático “no”,
que jamás fuera poeta
y así su opinión quedó,
esa es la vedad completa,
sin luz muriera, si no.
– El árbitro de la gloria,
ese que es vulgo luciente
te dio sueño inconsistente
como paria de la Historia.
– Pues ya ves que mi memoria
no alcanza altura ninguna
y solo como la una
con letrilla dedicada
de culteranismo alguna,
otra, si clara, fue dada
me la prestara la Luna.
– Vive ya Góngora puesto
si muchos en mal aprecio
te trajeron menosprecio
yo te declaro el honesto.
¬– Palabras sois, te contesto,
solo en mi escasez bajuna,
inútil e inoportuna,
y en lo hondo de la noche
¿si fuerais al menos una
para no hacerme reproche?,
¡pues de vosotras ninguna!
– Tu reducto está en tu casa
que es allí donde te subes
para encontrar a las nubes
cuando el ánimo fracasa.
– Paciencia no tengo escasa
que si hasta el cielo subí
y en esta hondura caí,
las entrañas de la tierra
serán todas para mí;
parece tu gusto yerra,
¡deja de acabar así!
– A salvo pusiste el alma
hace siglos, y no pueden
aunque hablen no la agreden,
pero aún no tienen calma.
– Como las hojas de palma
de Jerusalén, que allí
a Dios aclamaron, sí,
luego, en proceder contrario,
con tumulto y frenesí,
lo llevaron al Calvario:
¡aprended flores de mí!
– ¡Tengas ya paz aun vencido
en túmulo funerario!,
ya que tu vivir diario
te fue desagradecido.
– Es el mundo un pobre nido,
al menos en el que estoy,
puesto que ni fui ni soy
y es así que me contemplo,
que ni lo di ni lo doy
en vista ningún ejemplo
lo que va de ayer a hoy.
– Paz a Góngora exaltado
pues a florecer su huerto
lo fuera después de muerto
y que Dios sea loado.
– Este honor que tú me has dado
es como flor de alhelí
que termina siempre así
con la color demudada,
debieras fijarte allí
donde empezara mi nada
que ayer maravilla fui.
– Nulo, al fin, entre tu nada,
ya puedes estar tranquilo
y escucharás el sigilo
de la tumba descansada.
– Puesto que es así tratada,
en la muerte donde estoy,
decreto que ayer y hoy
lo que fue mi poesía,
esa que gratis la doy,
casi nadie la entendía
y sombra mía aun no soy.
Última edición: