Pues ya en el dulce arder del sol naciente
veo la suficiente luz del día
luciendo lentamente su osadía
por esa celosía que hay en frente.
¡Oh! Tu luz que salía de repente
alumbrando la frente que era mía,
mostró tan convincente mi alegría,
de ver la profecía tras mi lente.
El destino mostró me sin reparo
tu condena al amparo del tormento
que aunque breve momento salga caro,
quiero yo bajo el faro del lamento,
poder hacer asiento del avaro
sentir, que no reparo en lo que siento.