Desde un mar de silencio, Mariluz Escribano Pueo.

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Nuestro compañero y Poeta Amadís, nos ha dejado a esta poeta y sus obras. Desde aquí nuestro agradecimiento.
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935), poeta, perteneciente por edad a la generación del 60, Escribano no empieza a publicar su obra hasta iniciados los años noventa, una vez que el tiempo y la vida habían remansado las heridas de la Guerra Civil, en la que su padre fue fusilado y su madre y ella misma, represaliadas. Sus libros son Sonetos del alba (1991), Desde un mar de silencio (1993), Canciones de la tarde (1995), Umbrales de otoño (2013, Premio ‘Andalucía’ de la Crítica) y El corazón de la gacela (2015). Recientemente ha sido incluida en Poesía soy yo (Visor, 2016) donde se recogen a ochenta y dos poetas nacidas entre 1886 y 1960 más destacadas en lengua española.

https://circulodepoesia.com/2016/07/poesia-espanola-mariluz-escribano-pueo/

Desde un mar de silencio

En el niño el misterio es su mirada intacta

que adjetiva la savia del húmedo futuro,

cuando alcanzar al hombre es nombrar la tristeza

y sentir como el tiempo suprime los pronombres.



El niño es el regreso a un espejo de hierbas

con senderos que surcan un sol indeclinable

que los pájaros vencen con sus vuelos oscuros.



El recuerdo camina con sus pasos de lino

por la laguna inmensa de sus puras pupilas,

y como el mar regresa,

con vocación de ola,

a posarse en la densa penumbra

de los sueños.



Y es así que esta tarde,

Cuando me miro y siento los puñales del tiempo

Con esquinas de múltiples alfileres de agua

Que me cosen la boca con heridas pequeñas

Con sosiegos, silencios

Y soledades claras.



Cuando no tengo a nadie a quien cantarle un verso

O darle una limosna de beso remansado,

Con quien hablar de nada

Con serena tristeza,

leo a Guillén y pienso:

el amor fue mi casa,

quiero decir mi madre,

con sus andares lentos,

con su afanoso amor por ordenar la casa

y conservar la harina de los racionamientos,

los retales,

los hilos

y la esperanza intacta.



Necesario es decir que mi madre cantaba.

Yo no sé si cantaba para olvidar escombros,

ruinas,

muertes,

tristeza,

guerras,

hombres,

palabras,

telarañas del tiempo,

sangre no regresada,

pero yo la miraba desde el patio llovido,

sentada en la terraza,

cuando el otoño alzaba una luz de madera,

y pensaba: es mi madre,

definitivamente,

y mi madre es mi casa.



Detrás de los visillos silenciosos y albos,

náufragos en el aura dorada de la tarde,

habitaba la luz insomne de mi madre,

su silencio de flor,

su soledad de pájaro.

Yo la miraba estar,

nunca quieta,

gozosa,

amasando la blanca pobreza de la harina.

Otras veces, tocaba, sosegada, el piano

o cosía con leve puntada primorosa

para evitar la dura pobreza de las telas.

La casa era modesta,

pero mi madre hermosa,

con sus gráciles manos como ríos o arroyos

que trabajan la inmensa desolación del tiempo.

Su cuerpo se poblaba de fantasmas insomnes

de tristezas de hilo guardadas en baúles

y recordaba siempre, con mirada de sueño,

la palidez de agua de su infancia de musgo.

La nostalgia era en ella sustancia de madera,

persistencia de algas sobre los ojos limpios.

Mi madre era la fuerza sideral de los hondos

caminos de la espiga alejada del agua.

Y es que yo la miraba desde el patio llovido,

cuando la superficie de la tarde moría,

y sabía que ella reposaba un momento

y leía despacio a Miguel de Unamuno.



Y ahora, cuando no vuelve,

cuando la llamo y nada

presagia su palabra de inmediata costumbre,

desde el patio la llamo,

desesperadamente,

y sólo el mar responde,

es decir, sólo el viento,

quiero decir la brisa,

aquella que movía su pelo, levemente,

mientras la luz de otoño deshacía

la suave penumbra de los arces.



(De Desde un mar de silencio, 1993)
 
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Nuestro compañero y Poeta Amadís, nos ha dejado a esta poeta y sus obras. Desde aquí nuestro agradecimiento.
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935), poeta, perteneciente por edad a la generación del 60, Escribano no empieza a publicar su obra hasta iniciados los años noventa, una vez que el tiempo y la vida habían remansado las heridas de la Guerra Civil, en la que su padre fue fusilado y su madre y ella misma, represaliadas. Sus libros son Sonetos del alba (1991), Desde un mar de silencio (1993), Canciones de la tarde (1995), Umbrales de otoño (2013, Premio ‘Andalucía’ de la Crítica) y El corazón de la gacela (2015). Recientemente ha sido incluida en Poesía soy yo (Visor, 2016) donde se recogen a ochenta y dos poetas nacidas entre 1886 y 1960 más destacadas en lengua española.

https://circulodepoesia.com/2016/07/poesia-espanola-mariluz-escribano-pueo/

Desde un mar de silencio

En el niño el misterio es su mirada intacta

que adjetiva la savia del húmedo futuro,

cuando alcanzar al hombre es nombrar la tristeza

y sentir como el tiempo suprime los pronombres.



El niño es el regreso a un espejo de hierbas

con senderos que surcan un sol indeclinable

que los pájaros vencen con sus vuelos oscuros.



El recuerdo camina con sus pasos de lino

por la laguna inmensa de sus puras pupilas,

y como el mar regresa,

con vocación de ola,

a posarse en la densa penumbra

de los sueños.



Y es así que esta tarde,

Cuando me miro y siento los puñales del tiempo

Con esquinas de múltiples alfileres de agua

Que me cosen la boca con heridas pequeñas

Con sosiegos, silencios

Y soledades claras.



Cuando no tengo a nadie a quien cantarle un verso

O darle una limosna de beso remansado,

Con quien hablar de nada

Con serena tristeza,

leo a Guillén y pienso:

el amor fue mi casa,

quiero decir mi madre,

con sus andares lentos,

con su afanoso amor por ordenar la casa

y conservar la harina de los racionamientos,

los retales,

los hilos

y la esperanza intacta.



Necesario es decir que mi madre cantaba.

Yo no sé si cantaba para olvidar escombros,

ruinas,

muertes,

tristeza,

guerras,

hombres,

palabras,

telarañas del tiempo,

sangre no regresada,

pero yo la miraba desde el patio llovido,

sentada en la terraza,

cuando el otoño alzaba una luz de madera,

y pensaba: es mi madre,

definitivamente,

y mi madre es mi casa.



Detrás de los visillos silenciosos y albos,

náufragos en el aura dorada de la tarde,

habitaba la luz insomne de mi madre,

su silencio de flor,

su soledad de pájaro.

Yo la miraba estar,

nunca quieta,

gozosa,

amasando la blanca pobreza de la harina.

Otras veces, tocaba, sosegada, el piano

o cosía con leve puntada primorosa

para evitar la dura pobreza de las telas.

La casa era modesta,

pero mi madre hermosa,

con sus gráciles manos como ríos o arroyos

que trabajan la inmensa desolación del tiempo.

Su cuerpo se poblaba de fantasmas insomnes

de tristezas de hilo guardadas en baúles

y recordaba siempre, con mirada de sueño,

la palidez de agua de su infancia de musgo.

La nostalgia era en ella sustancia de madera,

persistencia de algas sobre los ojos limpios.

Mi madre era la fuerza sideral de los hondos

caminos de la espiga alejada del agua.

Y es que yo la miraba desde el patio llovido,

cuando la superficie de la tarde moría,

y sabía que ella reposaba un momento

y leía despacio a Miguel de Unamuno.



Y ahora, cuando no vuelve,

cuando la llamo y nada

presagia su palabra de inmediata costumbre,

desde el patio la llamo,

desesperadamente,

y sólo el mar responde,

es decir, sólo el viento,

quiero decir la brisa,

aquella que movía su pelo, levemente,

mientras la luz de otoño deshacía

la suave penumbra de los arces.



(De Desde un mar de silencio, 1993)
Qué maravilla de poema, cada verso nos habla de la ingente labor de Mariluz Escribano como poeta, me he sentido profundamente admirada por su obra querida Isabel, gracias a Amadís y a ti por dárnosla a conocer, me lo voy a leer todo cuanto encuentre de ella. Mil besos para ti con toda mi admiración y cariño, querida paisana.....muáááckssssss tqm
 
Me pregunto cómo no comenté este magnifico poema a la madre, que nos dejó nuestro estimado compañero, Amadis, al que agradecemos que nos haya traído hasta aquí a esta gran mujer. Creí haberlo comentado, tengo la costumbre de dejar siempre un comentario, en todas las poetas que por suerte vienen a Nuestros espacio, como joyas de otro tiempo, o de otros suelos lejanos, pero íntimamente cercanas a nuestro propio sentir. No he podido sustraerme de dejar este otro excelente poema Cuando me vaya, que recuerda a ese otro poema de Juan Ramón Jiménez :" Viaje definitivo"
Y aquí os dejo otros datos de su biografía en estas páginas.
https://www.revistaaltazor.cl/mariluz-escribano-pueo/

Cuando me vaya

Dejaré un silencio en el recuerdo,
sonidos de una voz que fue muy joven,
y un aroma de sándalo y cipreses
para que no me olvides.

Y ahora, cuando el sol desaparece,
y hay promesa de una noche clara,
las estrellas se esconden
y están muertas de tanta nívea luz.

Dejaré abierta la ventana.
Un gorrión divulgará mi huida,
y un frescor de mañana
anunciará mi marcha,
con trémula voz para llamarte.
Cuando me vaya
perderé las praderas,
los bosques encendidos de noviembre,
el verde del jardín en primavera,
la tenue luz de los planetas,
la sonrisa de un niño,
el calor de un amigo,
lágrimas de dolor por los caminos
que transité tan alta,
la caricia de un perro
que dio fuego a mis manos.

Cuando me vaya
habré perdido tantas cosas,
que creceré en trigal
por no morirme.
 
Última edición:
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Nuestro compañero y Poeta Amadís, nos ha dejado a esta poeta y sus obras. Desde aquí nuestro agradecimiento.
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935), poeta, perteneciente por edad a la generación del 60, Escribano no empieza a publicar su obra hasta iniciados los años noventa, una vez que el tiempo y la vida habían remansado las heridas de la Guerra Civil, en la que su padre fue fusilado y su madre y ella misma, represaliadas. Sus libros son Sonetos del alba (1991), Desde un mar de silencio (1993), Canciones de la tarde (1995), Umbrales de otoño (2013, Premio ‘Andalucía’ de la Crítica) y El corazón de la gacela (2015). Recientemente ha sido incluida en Poesía soy yo (Visor, 2016) donde se recogen a ochenta y dos poetas nacidas entre 1886 y 1960 más destacadas en lengua española.

https://circulodepoesia.com/2016/07/poesia-espanola-mariluz-escribano-pueo/

Desde un mar de silencio

En el niño el misterio es su mirada intacta

que adjetiva la savia del húmedo futuro,

cuando alcanzar al hombre es nombrar la tristeza

y sentir como el tiempo suprime los pronombres.



El niño es el regreso a un espejo de hierbas

con senderos que surcan un sol indeclinable

que los pájaros vencen con sus vuelos oscuros.



El recuerdo camina con sus pasos de lino

por la laguna inmensa de sus puras pupilas,

y como el mar regresa,

con vocación de ola,

a posarse en la densa penumbra

de los sueños.



Y es así que esta tarde,

Cuando me miro y siento los puñales del tiempo

Con esquinas de múltiples alfileres de agua

Que me cosen la boca con heridas pequeñas

Con sosiegos, silencios

Y soledades claras.



Cuando no tengo a nadie a quien cantarle un verso

O darle una limosna de beso remansado,

Con quien hablar de nada

Con serena tristeza,

leo a Guillén y pienso:

el amor fue mi casa,

quiero decir mi madre,

con sus andares lentos,

con su afanoso amor por ordenar la casa

y conservar la harina de los racionamientos,

los retales,

los hilos

y la esperanza intacta.



Necesario es decir que mi madre cantaba.

Yo no sé si cantaba para olvidar escombros,

ruinas,

muertes,

tristeza,

guerras,

hombres,

palabras,

telarañas del tiempo,

sangre no regresada,

pero yo la miraba desde el patio llovido,

sentada en la terraza,

cuando el otoño alzaba una luz de madera,

y pensaba: es mi madre,

definitivamente,

y mi madre es mi casa.



Detrás de los visillos silenciosos y albos,

náufragos en el aura dorada de la tarde,

habitaba la luz insomne de mi madre,

su silencio de flor,

su soledad de pájaro.

Yo la miraba estar,

nunca quieta,

gozosa,

amasando la blanca pobreza de la harina.

Otras veces, tocaba, sosegada, el piano

o cosía con leve puntada primorosa

para evitar la dura pobreza de las telas.

La casa era modesta,

pero mi madre hermosa,

con sus gráciles manos como ríos o arroyos

que trabajan la inmensa desolación del tiempo.

Su cuerpo se poblaba de fantasmas insomnes

de tristezas de hilo guardadas en baúles

y recordaba siempre, con mirada de sueño,

la palidez de agua de su infancia de musgo.

La nostalgia era en ella sustancia de madera,

persistencia de algas sobre los ojos limpios.

Mi madre era la fuerza sideral de los hondos

caminos de la espiga alejada del agua.

Y es que yo la miraba desde el patio llovido,

cuando la superficie de la tarde moría,

y sabía que ella reposaba un momento

y leía despacio a Miguel de Unamuno.



Y ahora, cuando no vuelve,

cuando la llamo y nada

presagia su palabra de inmediata costumbre,

desde el patio la llamo,

desesperadamente,

y sólo el mar responde,

es decir, sólo el viento,

quiero decir la brisa,

aquella que movía su pelo, levemente,

mientras la luz de otoño deshacía

la suave penumbra de los arces.



(De Desde un mar de silencio, 1993)
Fantástico poema que emociona hasta la médula, qué suerte haberlo podido leer.
"Desde un mar de silencio" .... impresionante de verdad.
Gracias de todo corazón, Isabel y Miguel, por haberlo hecho posible, un abrazo.
Javier
 
Fantástico poema que emociona hasta la médula, qué suerte haberlo podido leer.
"Desde un mar de silencio" .... impresionante de verdad.
Gracias de todo corazón, Isabel y Miguel, por haberlo hecho posible, un abrazo.
Javier
Si Javier, gran poema, he visto reflejada a mi madre en cada verso, y es cierto Javier, "emociona hasta la médula"
Un fuerte abrazo, gracia s por tu cálida presencia.
Isabel
 
Si Javier, gran poema, he visto reflejada a mi madre en cada verso, y es cierto Javier, "emociona hasta la médula"
Un fuerte abrazo, gracia s por tu cálida presencia.
Isabel
Siiiiiiiiiiií, sí, yo también vi a la mía reflejada en cada verso, Isabel, por eso me emocionó tanto.
Es que verdaderamente es una maravilla de poema de principio a fin, porque también me encanta cuando habla de la niñez...

"En el niño el misterio es su mirada intacta..."
"cuando alcanzar al hombre es nombrar la tristeza"
"El niño es el regreso a un espejo de hierbas
con senderos que surcan un sol indeclinable..."

Vamos, que no tiene desperdicio, gracias de nuevo.
Otro fuerte abrazo para ti.
Javier.
 
Siiiiiiiiiiií, sí, yo también vi a la mía reflejada en cada verso, Isabel, por eso me emocionó tanto.
Es que verdaderamente es una maravilla de poema de principio a fin, porque también me encanta cuando habla de la niñez...

"En el niño el misterio es su mirada intacta..."
"cuando alcanzar al hombre es nombrar la tristeza"
"El niño es el regreso a un espejo de hierbas
con senderos que surcan un sol indeclinable..."

Vamos, que no tiene desperdicio, gracias de nuevo.
Otro fuerte abrazo para ti.
Javier.

Asi es Javier, esa estrofa es magnífica.
Estas afinidades que nos unieron siempre, desde tus primeros versos en infantiles, donde has desplegado tu voz de niño.
Otro abrazo para ti.
Isabel
 

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