Nil
Poeta recién llegado
Albergar, sí, la sórdida templanza.
Ganar al buitre en propia y larga espera,
al amor no equivale, mas genera
en mí tan placer cual una alabanza.
Observar que en mis hilos albos danza
y que su fuente, ya seca, muere entera
porque en ella se ha unido tanta cera...
Sucede cuando lanza uno la lanza.
Nada más, me vuelvo al lecho de Gnido,
lo encontrado allá aquí solo salpico
en cuanto mi hija se encuentra herida.
Como el ave que esconde a otros el pico
y vence al defender de ellos su nido.
Ojo es oro; boca, hielo; pluma, vida.
Ganar al buitre en propia y larga espera,
al amor no equivale, mas genera
en mí tan placer cual una alabanza.
Observar que en mis hilos albos danza
y que su fuente, ya seca, muere entera
porque en ella se ha unido tanta cera...
Sucede cuando lanza uno la lanza.
Nada más, me vuelvo al lecho de Gnido,
lo encontrado allá aquí solo salpico
en cuanto mi hija se encuentra herida.
Como el ave que esconde a otros el pico
y vence al defender de ellos su nido.
Ojo es oro; boca, hielo; pluma, vida.