lesmo
Poeta veterano en el portal
I
La luz del ocaso en Castilla
La luz que poco a poco se acrisola
en matices violetas y bermejos
languidece tintando con reflejos
los hilachos nubosos de amapola.
Es como un sacrificio que se inmola
el sangriento celaje, y a lo lejos
reanima el fulgor en unos dejos,
y se apaga al final de nuevo sola.
Y yo absorto, detrás de los cristales,
detenido a la vera del camino,
me quedo contemplando la sencilla
manera en que esos fúlgidos retales
me muestran al ocaso mi destino
al pasar por la estepa de Castilla.
II
Ocaso en el mar
La tarde que se marcha lentamente
con luces desmayadas entre bruma
decanta y da color sobre la espuma
como último retal de llama ardiente.
El mar se tornasola de repente
y todo en la ribera se perfuma
del aire marinero que rezuma
deshecho su cristal en el rompiente.
¡Oh fiel imagen clara y peregrina
que siempre en Occidente se adivina
de todo lo que acaba es esa hora!
Termina silencioso el ardimiento
con un sabor a sal en el aliento
y al mustio atardecer el alma llora.
III
Ocaso en Granada
El sol que por la sierra de Granada
con fúlgidas alfombras aparece,
a lomos de las cumbres resplandece
cubriendo de rosados la nevada.
La luz a los abismos aferrada
con formas infinitas enrojece
y en tanto que en la tarde palidece
al fin oscurecida queda en nada.
Alumbran los fanales de las faldas,
eléctricas y múltiples guirnaldas,
que adornan punteando el horizonte.
Ahora que acabó la sinfonía
del sol, una lejana bulería
de pronto despereza al Sacromonte.
La luz del ocaso en Castilla
La luz que poco a poco se acrisola
en matices violetas y bermejos
languidece tintando con reflejos
los hilachos nubosos de amapola.
Es como un sacrificio que se inmola
el sangriento celaje, y a lo lejos
reanima el fulgor en unos dejos,
y se apaga al final de nuevo sola.
Y yo absorto, detrás de los cristales,
detenido a la vera del camino,
me quedo contemplando la sencilla
manera en que esos fúlgidos retales
me muestran al ocaso mi destino
al pasar por la estepa de Castilla.
II
Ocaso en el mar
La tarde que se marcha lentamente
con luces desmayadas entre bruma
decanta y da color sobre la espuma
como último retal de llama ardiente.
El mar se tornasola de repente
y todo en la ribera se perfuma
del aire marinero que rezuma
deshecho su cristal en el rompiente.
¡Oh fiel imagen clara y peregrina
que siempre en Occidente se adivina
de todo lo que acaba es esa hora!
Termina silencioso el ardimiento
con un sabor a sal en el aliento
y al mustio atardecer el alma llora.
III
Ocaso en Granada
El sol que por la sierra de Granada
con fúlgidas alfombras aparece,
a lomos de las cumbres resplandece
cubriendo de rosados la nevada.
La luz a los abismos aferrada
con formas infinitas enrojece
y en tanto que en la tarde palidece
al fin oscurecida queda en nada.
Alumbran los fanales de las faldas,
eléctricas y múltiples guirnaldas,
que adornan punteando el horizonte.
Ahora que acabó la sinfonía
del sol, una lejana bulería
de pronto despereza al Sacromonte.