Del ocaso (Tres sonetos)

lesmo

Poeta veterano en el portal
I

La luz del ocaso en Castilla

La luz que poco a poco se acrisola
en matices violetas y bermejos
languidece tintando con reflejos
los hilachos nubosos de amapola.

Es como un sacrificio que se inmola
el sangriento celaje, y a lo lejos
reanima el fulgor en unos dejos,
y se apaga al final de nuevo sola.

Y yo absorto, detrás de los cristales,
detenido a la vera del camino,
me quedo contemplando la sencilla

manera en que esos fúlgidos retales
me muestran al ocaso mi destino
al pasar por la estepa de Castilla.


II

Ocaso en el mar

La tarde que se marcha lentamente
con luces desmayadas entre bruma
decanta y da color sobre la espuma
como último retal de llama ardiente.

El mar se tornasola de repente
y todo en la ribera se perfuma
del aire marinero que rezuma
deshecho su cristal en el rompiente.

¡Oh fiel imagen clara y peregrina
que siempre en Occidente se adivina
de todo lo que acaba es esa hora!

Termina silencioso el ardimiento
con un sabor a sal en el aliento
y al mustio atardecer el alma llora.


III

Ocaso en Granada

El sol que por la sierra de Granada
con fúlgidas alfombras aparece,
a lomos de las cumbres resplandece
cubriendo de rosados la nevada.

La luz a los abismos aferrada
con formas infinitas enrojece
y en tanto que en la tarde palidece
al fin oscurecida queda en nada.

Alumbran los fanales de las faldas,
eléctricas y múltiples guirnaldas,
que adornan punteando el horizonte.

Ahora que acabó la sinfonía
del sol, una lejana bulería
de pronto despereza al Sacromonte.
 
Muchísimas veces la cantidad no es amiga de la calidad. Pero en este caso estoy admirado de encontrar tres hermosísimos sonetos dedicados a la caída del sol en distintos lugares, con un magistral resultado. Felicitaciones por tres, por estos estupendos trabajos!! Un abrazo, amigo poeta.
 
I

La luz del ocaso en Castilla

La luz que poco a poco se acrisola
en matices violetas y bermejos
languidece tintando con reflejos
los hilachos nubosos de amapola.

Es como un sacrificio que se inmola
el sangriento celaje, y a lo lejos
reanima el fulgor en unos dejos,
y se apaga al final de nuevo sola.

Y yo absorto, detrás de los cristales,
detenido a la vera del camino,
me quedo contemplando la sencilla

manera en que esos fúlgidos retales
me muestran al ocaso mi destino
al pasar por la estepa de Castilla.


II

Ocaso en el mar

La tarde que se marcha lentamente
con luces desmayadas entre bruma
decanta y da color sobre la espuma
como último retal de llama ardiente.

El mar se tornasola de repente
y todo en la ribera se perfuma
del aire marinero que rezuma
deshecho su cristal en el rompiente.

¡Oh fiel imagen clara y peregrina
que siempre en Occidente se adivina
de todo lo que acaba es esa hora!

Termina silencioso el ardimiento
con un sabor a sal en el aliento
y al mustio atardecer el alma llora.


III

Ocaso en Granada

El sol que por la sierra de Granada
con fúlgidas alfombras aparece,
a lomos de las cumbres resplandece
cubriendo de rosados la nevada.

La luz a los abismos aferrada
con formas infinitas enrojece
y en tanto que en la tarde palidece
al fin oscurecida queda en nada.

Alumbran los fanales de las faldas,
eléctricas y múltiples guirnaldas,
que adornan punteando el horizonte.

Ahora que acabó la sinfonía
del sol, una lejana bulería
de pronto despereza al Sacromonte.
Un viaje con tres escalas hacia el mismo y bello instante en que todo finalmente se apaga. Saludos, Lesmo.
 
Muchísimas veces la cantidad no es amiga de la calidad. Pero en este caso estoy admirado de encontrar tres hermosísimos sonetos dedicados a la caída del sol en distintos lugares, con un magistral resultado. Felicitaciones por tres, por estos estupendos trabajos!! Un abrazo, amigo poeta.
Queridísimo Miguel, celebro que estas letras hayan resultado ser de tu agrado. Quedo muy agradecido por este acercamiento tuyo a mis versos con el que acompañas mi andadura por esas horas finales del día tan inspiradoras para tantos. Mil gracias por tus amables consideraciones.
Con un abrazo fuerte y fraterno.
Salvador.
 
La tarde que se marcha lentamente
con luces desmayadas entre bruma
decanta y da color sobre la espuma
como último retal de llama ardiente.

El mar se tornasola de repente
y todo en la ribera se perfuma
del aire marinero que rezuma
deshecho su cristal en el rompiente.
A ver a ver, a ver si doy con tu secreto, palabras de género masculino cuya última sílaba acaba con la primera vocal, si son verbo primera declinación, si no cuya primera sílaba tenga una [a] a secas. Un ejemplo con la [a]: Poema fenomenal colega que aquí nos dejas. (Hace tres minuten con la [o]) [porque fumo lo estoy dejando/ y a fuer estoy que muerdo,/ moviendo la cola estoy barriendo/ y el perro de San Roque lo estoy mirando/ porque algún ladroncillo su rabo lo ha robado].
No te podías contentar con un soneto para dejarnos por los suelos, no, así que venga tres tazas, abusón.
Venga un saludo, Cristalino, es regresar y las nubes se despejan. Grana, da, da, da... hps://www.youtube.com/watch?v=j8eFHozZo1c
 
Última edición:
A ver a ver, a ver si doy con tu secreto, palabras de género masculino cuya última sílaba acaba con la primera vocal, si son verbo primera declinación, si no cuya primera sílaba tenga una [a] a secas. Un ejemplo con la [a]: Poema fenomenal colega que aquí nos dejas. (Hace tres minuten con la [o]) [porque fumo lo estoy dejando/ y a fuer estoy que muerdo,/ moviendo la cola estoy barriendo/ y el perro de San Roque lo estoy mirando/ porque algún ladroncillo su rabo lo ha robado].
No te podías contentar con un soneto para dejarnos por los suelos, no, así que venga tres tazas, abusón.
Venga un saludo, Cristalino, es regresar y las nubes se despejan. Grana, da, da, da... hps://www.youtube.com/watch?v=j8eFHozZo1c
Muchas gracias, querido amigo, por acercarte a estas letras mías, que al parecer no te han disgustado. Aunque me digas abusón, que puede ser verdad, se te nota el afecto.
De nuevo muchas gracias y que lleves bien esa proeza que está llevando a cabo.
Fuerte abrazo.
Salvador.
 
Admirada me quedo al ver tres sonetos bellísimos que he degustado poquito a poco como se merecen. Un verdadero gusto su lectura, gracias por compartirlos, me ha encantado vivir el ocaso en lugares tan hermosos y diferentes.
Un saludo con afecto,
El Regreso de Alfonsina
 
Admirada me quedo al ver tres sonetos bellísimos que he degustado poquito a poco como se merecen. Un verdadero gusto su lectura, gracias por compartirlos, me ha encantado vivir el ocaso en lugares tan hermosos y diferentes.
Un saludo con afecto,
El Regreso de Alfonsina
Celebro, estimada compañera, que estos versos hayan resultado ser de tu agrado. Quedo muy agradecido por la amable visita y comentario.
Un afectuoso saludo,
Salvador.
 

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