pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Timorata no encontrabas tu voz.
La manera de expresar tu deseo.
Más tu mirada, de tu alma el espejo.
¡Arráncame ya la ropa!... gritó.
Rebelde a verme valiente resistía
y en un caminar equívoco yacía,
a la soledad en las venas acogía
con el llanto como leal compañía..
Al suelo dejaste caer tu armadura
y caí como tocado por un rayo .
Me enamoré al ver tu alma desnuda
y de tus sueños me declaré vasallo.
Desarmada sin muros en pie rendida
con la piel tatuada en boca de fuego,
traición en el pecho, sin fe vencida
oiste el silencio de mi agonía y ruego.
Para tus alas ser el viento quiero.
Déjame ser de tus pasos camino,
y tambien el mar para tu velero.
Cómplice quiero ser de tu destino.
Sed el viento de mis alas cansadas
y da rumbo a este caminar incierto,
Sed las aguas que cubran el desierto
y de mi destino toma las riendas.
El fuego que tu luz encendió en mi
quemará los miedos de tu alma pura,
secará lágrimas que en tus ojos vi
y honrará por siempre tu dulzura.
Con belleza en tus ojos me muestro
y contigo el pasado en paz se despide,
en los versos creados el amor reside
y con ternura, hoy, eres mi maestro.
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