De Titánic a balsa

José Luis Mendoza

Poeta fiel al portal
DE TITÁNIC A BALSA
Por José Luis Mendoza
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¿Qué somos ahora? después de haber sido un país rico, poderoso, alegre, bullanguero, cordial, amoroso, musical y bailarín. Éramos como un Titánic y en 15 años nos hemos convertido en una inmensa balsa, en un enjambre de palos y madera inútiles, ya sin la esperanza de llegar vivos a ninguna parte por la distancia de las costas hermanas más vecinas.
Nos hemos topado con esa inmensa montaña, con ese sólido iceberg, témpano de hielo que parecía indestructible y que nos volvió añicos de la noche a la mañana por su frialdad, incapacidad, incompetencia, odio y violencia, mejor conocido como el chavismo con o sin Chávez, para enfrentar y resolver los problemas de la nación.
Estamos en la mayor pobreza, sinónimo de miseria. La poquita comida importada que se consigue está por las nubes; el costo de todos los demás productos es prohibitivo; ha caído totalmente la producción de bienes y servicios y la escasez y el desabastecimiento es casi total y la inflación oficial es 65 por ciento. ¡ESTO ES ESTANFLACIÓN! que nos ha agarrado sin confesarnos.
El componente inflacionario de la estanflación que vive Venezuela se origina en la alta liquidez que hay en el sistema monetario y que el Banco Central la disfraza imprimiendo inmensas cantidades de moneda sin ningún respaldo, pero que al tenerlas uno en el bolsillo no sirven para nada porque nada valen y nada se consigue para sobrevivir.
Ante esta tragedia la respuesta de la Dictadura chavista-madurista-castrista es la muerte, prisión, persecución, tortura, exilio, ofensa, odio, provocación contra cualquier signo de disentimiento o protesta y su alimento favorito son los estudiante y en general la juventud. No digo nada de la inseguridad porque ella es parte inseparable, aliada de toda Dictadura de izquierda, de manera pues que es su propia existencia. En Venezuela hay más presos por oponerse al terror de este desgobierno que por ser capo de la droga, traficante o consumidor.
Ese impacto con esa montaña fría también deja resultados y es que ese tempano congelado quedó agrietado, fracturado y ya se notan sus desprendimientos que poco a poco debemos aprovechar porque hay una leve esperanza que es la UNIDAD, (sin olvidar que cualquier forma de lucha es permisible), la organización y planificación de toda actividad legal o clandestina para enfrentar este desmadre que lo destruye todo.
 
Tiempo atrás dejé de apoyar los gritos de Venezuela.
¿Como era posible que gente de afuera empuje al mundo a ver la realidad de lo que ocurría, cuando el mismo pueblo se hallaba dividido y disparaba a lo que se moviera, sea santo o pecador, amigo o contrario?
Una voz se alza en el desierto de ideas, en el cementerio de voluntades.
Espero, sinceramente, que aún no sea demasiado tarde.
Tomaré distancia, a observar como un pueblo renace, o termina de ser masacrado por su propia gente uniformada.

Mi esperanza y ferviente deseo de éxitos les acompaña, pero insisto, no levantaré la mano a un pueblo... que no es capaz de luchar por su futuro.
 

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