uwu
Poeta recién llegado
Los parásitos de la mente
empiezan a comerse mis
pensamientos primitivos y
luego se envuelven en mis ilusiones
confundiéndose poco.
Aquellos parásitos nocturnos
se asoman a mis sentidos con
hambre de sueño, de evitarme
el pensar, mi raciocinio crudo.
Doy golpecitos en mi cabeza
mientras intento marear a los
bichos con la música a alto volumen.
Prefiero la música de mi ayer,
consuelo de tontos, pero a mi
mal gusto, apreciada.
Hay canciones para locos, estúpidos
y melancólicos. Algunas en su
gravedad crean espasmos en mi
rostro, y mis manos son merced
del do sostenido del minuto tres,
de la última canción del
playlist en bucle.
Los habitantes de mi mente
ahora se mecen, buscan salir
pero no pueden. Comienzo a
sacudir mi frente, mis sienes. Me
paro de cabeza y tomo al muro
más próximo como enemigo.
Termino con sangre brotando
en mi poco cabello. Mis orejas
van perdiendo oído y yo me
quito los audífonos para que
los invasores, en podredumbre
salgan pronto. Mis ojos son
empujados en su desesperación
pero no logran sucumbir.
Me guio con el poco aplomo
que tengo, y rengo después
para llegar a mi cama.
¿Conté haberme caído?
Aún hay un mañana,
y otros bichos aparecerán
de la nada.
empiezan a comerse mis
pensamientos primitivos y
luego se envuelven en mis ilusiones
confundiéndose poco.
Aquellos parásitos nocturnos
se asoman a mis sentidos con
hambre de sueño, de evitarme
el pensar, mi raciocinio crudo.
Doy golpecitos en mi cabeza
mientras intento marear a los
bichos con la música a alto volumen.
Prefiero la música de mi ayer,
consuelo de tontos, pero a mi
mal gusto, apreciada.
Hay canciones para locos, estúpidos
y melancólicos. Algunas en su
gravedad crean espasmos en mi
rostro, y mis manos son merced
del do sostenido del minuto tres,
de la última canción del
playlist en bucle.
Los habitantes de mi mente
ahora se mecen, buscan salir
pero no pueden. Comienzo a
sacudir mi frente, mis sienes. Me
paro de cabeza y tomo al muro
más próximo como enemigo.
Termino con sangre brotando
en mi poco cabello. Mis orejas
van perdiendo oído y yo me
quito los audífonos para que
los invasores, en podredumbre
salgan pronto. Mis ojos son
empujados en su desesperación
pero no logran sucumbir.
Me guio con el poco aplomo
que tengo, y rengo después
para llegar a mi cama.
¿Conté haberme caído?
Aún hay un mañana,
y otros bichos aparecerán
de la nada.
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