De luz sedienta el alma mortal que rapta fugaz por el mundo

Isnah el bardo

Poeta recién llegado
De luz sedienta el alma mortal que rapta fugaz por el mundo,
Hasta el inevitable abismo que comparte toda la raza de los hombres.
En el camino encontró al cansancio, a la pena, a la vergüenza, a la desesperanza.
Deshonrado y rebajado, víctima de su perpetuo olvido,
He aquí, aquí lo tienen, listo para el ritual.

De vuelta a casa, mi amigo, libertad al precio de un fallo.
Oh miserable, oh hombre miserable,
Oh de ti que vagas por el mundo directo hacia tu ruina,
Caído hace ya tanto en tu ruina,
¿Por qué? ¡Oh, por qué! El destino, la Moira,
La fatalidad de vivir en este mundo.
Con sudor en la frente pues polvo eres y al polvo volverá.
Amigo, vuela sin mí, lamento, lo lamento tanto. Tú

Gracia de estar, por ella, por él, miren al tonto,
Miren al niño, miren al dios.
Delirio, razón, espanto, excusa, ojos acusadores,
Responsabilidad, vida, muerte, sueño, luz.
La muerte camina en vida frente a mí,
Inconforme de sí misma, no conoce su celestial descendencia.

Cansancio, fatiga llega, llega el sueño, caída, muerte.
Un nuevo día, el círculo se repite.
Eterno retorno, eterna recurrencia.
Vicio y podredumbre, circulo eterno,
Maldito sea, maldito por mi voluntad muerta.
Maldito.

De volver el deseo, una extraña añoranza,
El perdón de la madre y el padre.
El hijo pródigo, el hijo bastardo, el hijo que nunca debió ser.
Hijo que nunca debió ser, la familia que nunca debió ser
Y el espíritu santo.

Deseo incomprendido.
Un fallo, un desprecio, un muerto más, un caído.
Guerra.
No más, no más. No, no, no.
Dios.
 
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