dimitria
Poeta recién llegado
Corazones desiguales en un campo mudo,
del blanco nacimiento eterno,
admirables ellos en la ambición del saludo
derramando historias de un mundo moderno,
sofocando días que se hacían nulos
para a través de montañas quebrar la abonanza;
¡Tanta crisis que nos ha llevado a la desgracia!
Cuando el sueño estaba bajo un ciego universo
las libertades encadenadas del primer mundo,
haciendo de la existencia una tormenta;
y en ausencia un pensamiento,
que poco libres, buscaban surgir
para poder nutrir a sus desvalorados hombres
Indios, continuos en el descuido.
La excelencia de esa muchedumbre
empobrecía la belleza de las aguas,
soberbios buscando alturas:
místicos de la noche oscura
que en el centro de la tierra
compaginaban una futura nación,
concordando con el cansancio de las ramas,
desnudas hormigas habitantes de un círculo;
inescrupuloso y tierno cemento de arena.
El mundo se encerraba en una profecía,
de historias que marcaban muchas vidas;
felices de actuaciones derramadas
en un horno de geografía estrafalaria
¡qué tan fría! tan seca y verdosa
enviaban la flor a un manantial de altura,
con nieve de montañas y mares de peces,
regadíos que sin miedo descansaban
se embellecían en lo oscuro, lo templado,
en la lluvia que hasta noviembre;
humilde enarbolaba una bandera.
Sencillos en la plantación y la crianza
con esfuerzo de esa tierra lejana
donde algunos tiranos forjaban el dolor,
de cadenas, ataduras al trigo mudo,
de jugueterías de pobreza,
coronas de cobre y celulosa,
salmones no contemplados
en artificiales naturalezas del arado;
un color, blanco hueso para la tierra
elevada y exacerbada mostraba su templanza,
ante valientes que intentaban cruzarla.
Una carne de puma que se iba
se extinguía con gran codicia,
conquistadores de martillos
hombres de sudor elevados.
Que al demonio espantaban
engañando a las lunas de huesos tiernos,
al aroma terrestre y calmado.
Que hasta el mismo mar no quería aparcar
en esa tierra manchada de tenientes,
de manos claras y barbas largas
sin música más que sus naves
hambrientas en atrapar a lugareños
transparentes aventureros.
Destrozaban: cordillera y mar.
del blanco nacimiento eterno,
admirables ellos en la ambición del saludo
derramando historias de un mundo moderno,
sofocando días que se hacían nulos
para a través de montañas quebrar la abonanza;
¡Tanta crisis que nos ha llevado a la desgracia!
Cuando el sueño estaba bajo un ciego universo
las libertades encadenadas del primer mundo,
haciendo de la existencia una tormenta;
y en ausencia un pensamiento,
que poco libres, buscaban surgir
para poder nutrir a sus desvalorados hombres
Indios, continuos en el descuido.
La excelencia de esa muchedumbre
empobrecía la belleza de las aguas,
soberbios buscando alturas:
místicos de la noche oscura
que en el centro de la tierra
compaginaban una futura nación,
concordando con el cansancio de las ramas,
desnudas hormigas habitantes de un círculo;
inescrupuloso y tierno cemento de arena.
El mundo se encerraba en una profecía,
de historias que marcaban muchas vidas;
felices de actuaciones derramadas
en un horno de geografía estrafalaria
¡qué tan fría! tan seca y verdosa
enviaban la flor a un manantial de altura,
con nieve de montañas y mares de peces,
regadíos que sin miedo descansaban
se embellecían en lo oscuro, lo templado,
en la lluvia que hasta noviembre;
humilde enarbolaba una bandera.
Sencillos en la plantación y la crianza
con esfuerzo de esa tierra lejana
donde algunos tiranos forjaban el dolor,
de cadenas, ataduras al trigo mudo,
de jugueterías de pobreza,
coronas de cobre y celulosa,
salmones no contemplados
en artificiales naturalezas del arado;
un color, blanco hueso para la tierra
elevada y exacerbada mostraba su templanza,
ante valientes que intentaban cruzarla.
Una carne de puma que se iba
se extinguía con gran codicia,
conquistadores de martillos
hombres de sudor elevados.
Que al demonio espantaban
engañando a las lunas de huesos tiernos,
al aroma terrestre y calmado.
Que hasta el mismo mar no quería aparcar
en esa tierra manchada de tenientes,
de manos claras y barbas largas
sin música más que sus naves
hambrientas en atrapar a lugareños
transparentes aventureros.
Destrozaban: cordillera y mar.