javilink
Poeta recién llegado
Con motivo de la muerte
de Lázaro de Betania
reunió Jesús a sus hombres
y se pusieron en marcha,
pues querían ver al difunto
y a sus dos buenas hermanas.
Tan pronto como supieron
de visita tan preciada,
salió Marta a recibirla
y quedóse María en casa:
Señor si no hubierais ido
a recorrer Tierra Santa
mi hermano seguiría vivo
trabajando en su labranza
Asistió con grande duelo
a las dos desconsoladas,
que llorosas le llevaron
al nicho del de Betania.
Llegaron, pues, al sepulcro
que era una cueva cerrada.
Junto al cuerpo del difunto
germinaban ya las malvas:
Señor, aquí huele mal,
lleva ya cuatro jornadas.
El Maestro miró al cielo,
y sacó algo de la manga.
Alzó los brazos y habló
pronunciando esta plegaria:
Bendice este tupergüare
que trajéronme de Hispania;
lleva caldo, yerbagüena,
arroz, garbanzos, patata,
una pechuga de pollo,
zanahoria troceada,
un jarrete de ternera
con tocino (que no grasa),
amén de un poco de sal
de la tierra gaditana.
Bien caliente lo sirvió,
en generosa cuchara,
haciéndoselo tragar
a su amigo, el de Betania.
Pronto aquella palidez
que presentara su cara,
tornóse mejor color,
y volvióse sonrojada...
Fue entonces cuando escuchó
lo de Levántate y anda.
El resto ya lo conocen,
se recoge en La Palabra...
Un salmo responsorial
es lo que he echado yo en falta.
Y no es que lo diga yo,
se lo dijo María a Marta:
¡Gloria a la cocinera
(la Abuela Rosa, de Hispania)
que a este bendito elixir
con humilde nombre llama!
Llámese entonces PUCHERO,
a este plato, que en las Galias
llamarían caldo de gloria
o sopa a la vaticana.
POST SCRIPTUM:
Comentaba Santiago
cuando estuvo por Hispania,
que en la Cena tan famosa,
-aquélla que hicieran por Pascua-
hubo quien quedó molesto
en lo tocante a viandas.
Dijo Judas al Maestro
tras descubrirse su trama:
¿Merece o no la traición
que aquella vez en Betania
a Lázaro dieseis Puchero,
y a nosotros, pan y agua?
de Lázaro de Betania
reunió Jesús a sus hombres
y se pusieron en marcha,
pues querían ver al difunto
y a sus dos buenas hermanas.
Tan pronto como supieron
de visita tan preciada,
salió Marta a recibirla
y quedóse María en casa:
Señor si no hubierais ido
a recorrer Tierra Santa
mi hermano seguiría vivo
trabajando en su labranza
Asistió con grande duelo
a las dos desconsoladas,
que llorosas le llevaron
al nicho del de Betania.
Llegaron, pues, al sepulcro
que era una cueva cerrada.
Junto al cuerpo del difunto
germinaban ya las malvas:
Señor, aquí huele mal,
lleva ya cuatro jornadas.
El Maestro miró al cielo,
y sacó algo de la manga.
Alzó los brazos y habló
pronunciando esta plegaria:
Bendice este tupergüare
que trajéronme de Hispania;
lleva caldo, yerbagüena,
arroz, garbanzos, patata,
una pechuga de pollo,
zanahoria troceada,
un jarrete de ternera
con tocino (que no grasa),
amén de un poco de sal
de la tierra gaditana.
Bien caliente lo sirvió,
en generosa cuchara,
haciéndoselo tragar
a su amigo, el de Betania.
Pronto aquella palidez
que presentara su cara,
tornóse mejor color,
y volvióse sonrojada...
Fue entonces cuando escuchó
lo de Levántate y anda.
El resto ya lo conocen,
se recoge en La Palabra...
Un salmo responsorial
es lo que he echado yo en falta.
Y no es que lo diga yo,
se lo dijo María a Marta:
¡Gloria a la cocinera
(la Abuela Rosa, de Hispania)
que a este bendito elixir
con humilde nombre llama!
Llámese entonces PUCHERO,
a este plato, que en las Galias
llamarían caldo de gloria
o sopa a la vaticana.
POST SCRIPTUM:
Comentaba Santiago
cuando estuvo por Hispania,
que en la Cena tan famosa,
-aquélla que hicieran por Pascua-
hubo quien quedó molesto
en lo tocante a viandas.
Dijo Judas al Maestro
tras descubrirse su trama:
¿Merece o no la traición
que aquella vez en Betania
a Lázaro dieseis Puchero,
y a nosotros, pan y agua?
A mi abuela, en el día de su santo.