Daniela Cifelli
Poeta recién llegado
Y aunque no estés a mi lado
Sintiéndote conmigo estoy,
Y aunque quiero besar tus labios
Aprendí a quererme hoy.
Y no lo niego, te amo,
Me cuesta aceptarlo, pero te extraño,
Y aunque no estaré más en tus brazos
No sabes cuánto te he deseado
Llama ardiente, fuego inquieto,
Ganas de besarte una vez más,
Sentirte, tocarte, mirarte y acariciarte.
Ganas de cumplir nuestros sueños;
Sí: nuestros sueños.
Porque aunque no estemos juntos
Nos seguimos recordando,
En cada lágrima que cae,
Un recuerdo vivo resplandece en nosotros,
En cada susurro del viento,
Sentimos ganas de decirnos te quiero,
Y nunca aprenderemos a vivir
Si no nos olvidamos.
Pasión, calor, amor y seducción.
Te quise y te quiero,
Pero estar contigo
Es ingerir un mortal veneno
¡Cuánto te he llorado!
Pero ya lo nuestro quedó en pasado,
Y aunque pasen mil años,
Nunca podré decir: lo he olvidado.
Porque tu estela quedó en mi corazón,
Dejaste tu olor en mi piel impregnado,
Marcaste mi alma sin opción a ser borrado
Y te lloro poco a poco en el silencio del dolor.
La razón me habla,
Pero en los sentimientos nadie manda,
No puedo olvidar lo que vivimos
Ni mucho menos mi vida contigo.
Cuánto quisiera no haberme enamorado.
¡Así no sentiría esto!
Así no sufriría tu desprecio,
Ni me moriría del despecho,
Así no le reclamaría al Cielo
Ni recordara lo que tú me has hecho.
Cuánto quisiera no haberme enamorado,
No dejaré más que mi corazón tome el mando
Porque siempre que lo entrego
Regresa sólo, triste y llorando.
¿Para qué? ¿Para qué enamorarme?
¿Para llegar al crepúsculo y saber que no estás?
¿Para sentirme sola y en las noches agonizar?
¿O para aprender y convertirme en tenaz?
Realmente no sé por qué me permití enamorarme.
Me duele suspirar las insolentes ganas de amarte,
Extraño el suntuoso deleite que sentía al besarte,
Me agobia la decisión de haberte dejado,
Pero es mejor mi corazón de ti absolver
Porque mi vida tú la has maltratado.
Sintiéndote conmigo estoy,
Y aunque quiero besar tus labios
Aprendí a quererme hoy.
Y no lo niego, te amo,
Me cuesta aceptarlo, pero te extraño,
Y aunque no estaré más en tus brazos
No sabes cuánto te he deseado
Llama ardiente, fuego inquieto,
Ganas de besarte una vez más,
Sentirte, tocarte, mirarte y acariciarte.
Ganas de cumplir nuestros sueños;
Sí: nuestros sueños.
Porque aunque no estemos juntos
Nos seguimos recordando,
En cada lágrima que cae,
Un recuerdo vivo resplandece en nosotros,
En cada susurro del viento,
Sentimos ganas de decirnos te quiero,
Y nunca aprenderemos a vivir
Si no nos olvidamos.
Pasión, calor, amor y seducción.
Te quise y te quiero,
Pero estar contigo
Es ingerir un mortal veneno
¡Cuánto te he llorado!
Pero ya lo nuestro quedó en pasado,
Y aunque pasen mil años,
Nunca podré decir: lo he olvidado.
Porque tu estela quedó en mi corazón,
Dejaste tu olor en mi piel impregnado,
Marcaste mi alma sin opción a ser borrado
Y te lloro poco a poco en el silencio del dolor.
La razón me habla,
Pero en los sentimientos nadie manda,
No puedo olvidar lo que vivimos
Ni mucho menos mi vida contigo.
Cuánto quisiera no haberme enamorado.
¡Así no sentiría esto!
Así no sufriría tu desprecio,
Ni me moriría del despecho,
Así no le reclamaría al Cielo
Ni recordara lo que tú me has hecho.
Cuánto quisiera no haberme enamorado,
No dejaré más que mi corazón tome el mando
Porque siempre que lo entrego
Regresa sólo, triste y llorando.
¿Para qué? ¿Para qué enamorarme?
¿Para llegar al crepúsculo y saber que no estás?
¿Para sentirme sola y en las noches agonizar?
¿O para aprender y convertirme en tenaz?
Realmente no sé por qué me permití enamorarme.
Me duele suspirar las insolentes ganas de amarte,
Extraño el suntuoso deleite que sentía al besarte,
Me agobia la decisión de haberte dejado,
Pero es mejor mi corazón de ti absolver
Porque mi vida tú la has maltratado.