fercho psicosis
Poeta recién llegado
Una rosa dorada sutilmente sujeta por unas dubitativas manos,
proyectil sublime dirigido a los fríos brazos siempre abiertos:
bien recibida para una muerte infame, pisoteada por un villano.
Cae de rodillas, baja la mirada; imagen que no se lleva el viento.
Su espeluznante villanía lo golpea, el daño es irreparable;
la única compañía que quedaba para su alma, yace destrozada.
Con ella se va el amor reacio y nace un dolor inconmensurable:
toda esperanza de felicidad se desvanece y sólo queda la nada.
Una mirada álgida a la espalda del insoportable presente,
caminaba en dirección opuesta, alejándose mientras se reducía.
El dolor que le causo, posiblemente es el dolor que ahora siente.
¡Error! Mataste lo más hermoso, el amor, y ahora a sus pies yacía.
¡Quédate! Ese grito, ahogado en su boca, jamás se escuchó.
Sólo podía ver cómo se marchaba ufana hacia el pasado vil:
la soledad lo arropa y no podía resistir el vacío en su pecho,
la novela fue contada dolorosamente y ha llegado al fin del fin.
Una lágrima incandescente abandona su más egoísta escondrijo
y explora la atmosfera opresiva, marcando de rojo el níveo camino,
el zigzag de sus pasos la arrastran hasta hundirse por un precipicio
para unirse tristemente en el suelo con un pétalo de fuego, extinguido .
A la primera le acompañó una segunda, y una tercera, y una cuarta...
todo su mundo se empapaba mientras el reloj daba su giro infinito,
el cielo también lloraba, sus lágrimas frías se precipitaban con fuerza;
todo la centelleante Naturaleza lloraba la pena de un amor fallecido.
proyectil sublime dirigido a los fríos brazos siempre abiertos:
bien recibida para una muerte infame, pisoteada por un villano.
Cae de rodillas, baja la mirada; imagen que no se lleva el viento.
Su espeluznante villanía lo golpea, el daño es irreparable;
la única compañía que quedaba para su alma, yace destrozada.
Con ella se va el amor reacio y nace un dolor inconmensurable:
toda esperanza de felicidad se desvanece y sólo queda la nada.
Una mirada álgida a la espalda del insoportable presente,
caminaba en dirección opuesta, alejándose mientras se reducía.
El dolor que le causo, posiblemente es el dolor que ahora siente.
¡Error! Mataste lo más hermoso, el amor, y ahora a sus pies yacía.
¡Quédate! Ese grito, ahogado en su boca, jamás se escuchó.
Sólo podía ver cómo se marchaba ufana hacia el pasado vil:
la soledad lo arropa y no podía resistir el vacío en su pecho,
la novela fue contada dolorosamente y ha llegado al fin del fin.
Una lágrima incandescente abandona su más egoísta escondrijo
y explora la atmosfera opresiva, marcando de rojo el níveo camino,
el zigzag de sus pasos la arrastran hasta hundirse por un precipicio
para unirse tristemente en el suelo con un pétalo de fuego, extinguido .
A la primera le acompañó una segunda, y una tercera, y una cuarta...
todo su mundo se empapaba mientras el reloj daba su giro infinito,
el cielo también lloraba, sus lágrimas frías se precipitaban con fuerza;
todo la centelleante Naturaleza lloraba la pena de un amor fallecido.