darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y sentí en la espalda un dolor inmenso, sentí que me quemaban los pulmones con aceros o rulimanes que se esparcían por todos mis sistemas, era un dolor que no terminaba.
Era una mañana fría de verano (aunque por acá el verano es frío). No sé pero siempre me han gustado los videojuegos callejeros, esos en donde el único objetivo es matar a tu rival, en donde la violencia juega un papel muy importante.
Mis amigos, aunque no son tan buenos, porque uno nunca sabe, siempre te salen con sorpresas, uno nunca termina de conocerlos. El libertinaje era nuestro pasatiempo favorito.
Con un amigo siempre consumíamos lo que algunos le llaman la hierba del rey, esta vez le llamaremos “pistola” (esto es una combinación de base con marihuana) en realidad lo que importa son sus efectos. A unos los llevaba al éxtasis, pero a un éxtasis luciferino otros se sentían superiores, aunque en la realidad simplemente éramos escoria. Esta vez quise probar con mi amigo el negro Jimmy, de pronto comencé a ver a los demás como unos pigmeos. Me sentía colosal, se me olvidaron las penas, es como si Mefistófeles me consolara, en definitiva nadie puede juzgarme solo el de arriba.
-Oe loco fuma bien, la naple que fumas horrible.
-Ya mijo, tranquilo que estoy besando a la Inmaculada, hay que ser respetuoso con ella.De pronto recordé esos días de tristeza en donde nadie me tomaba en cuenta. Era como un aire,pero un aire saturado de dolor.
Me puse chinito, mis ojos se pusieron rojos y estaba al punto. Saben, nunca pensé cuanto sufría mi familia por este vicio.
Una vez recuerdo que nos fuimos con unos amigos a un burdel a ver lo que se podía consumir, era mi primera vez, se me bajó hasta la presión y un adicto me dijo:
-Llavecita pilas para que te entones, ya está bien armadito, así que procedí a encenderla. De la desesperación me quemé los dedos, así fue que pude entrar con aquella prostituta que me encantó, el resto te lo dejo a la imaginación.
Un día como cualquier otro estuve conversando con mis llavecitas para que me presten dinero, nadie me quiso apoyar, entonces no me quedó de otra.
-Pinocho (así me decían), pilas aquí tengo un cuete, vamos a ganarnos la vida honradamente con el sudor del acero.Como era mi primera vez entré en pánico cuando sometimos a los pasajeros. De pronto la situación se nos fue de las manos, un tipo se aferraba a sus pertenencias, no obstante él traía un celular de esos que cabría muy bien en un museo de arte clásico. Y yo por defenderlo a mi amigo le di un cachazo en la cabeza, empero la tensión subió y de pronto se me aflojó un tiro que lo dejó convulsionando. Salimos corriendo por la calles empolvadas nos metimos en una cuadra muy tétrica, pero precisa para perdernos.
Al día siguiente después del efecto nos levantamos de nuestro cuchitril a repartir nuestro botín, con lo que pudimos sobrevivir un par de semanas, cuando el metal se acabó nos estábamos secando de ansiedad, mis pasos buscaban a la Inmaculada que se desnudaba en bacanales artificiales.
Cierto día salimos a vacilar con unas muchachas, estábamos muy entretenidos cuando de pronto escuche un grito:
-Él fue, mátalo y sentí en mi espalda un dolor inmenso…
Última edición:
