Guilla Izquierdo Reinoso
Poeta recién llegado
Dios, hiciste un ser tan especial,
con un corazón tierno lleno de sensibilidad.
No se desprende de sus criaturas
aunque la trasladen a una lejana vecindad,
y la separen los grandes mares sin piedad.
Aunque sus criaturas hayan llegado a la mayoría de edad.
Sigue atada a ellas a través del cordón umbilical.
Ese ser tan único y especial es mamá.
Anclado en su alma el cordón umbilical está,
que la une a cada hijo de forma individual,
aunque destrozada y rota tenga el alma,
y alguien la haya dejado de amar.
Dios, pusiste en ella todo tu corazón,
para que amara con intensa pasión
a cada una de sus criaturas sin distinción.
La cuidara y protegiera con arduo tesón.
Permaneciera unida a ellas a través del cordón,
aquel que irradia seguridad, amor y protección.
Eres tu ese ser tan especial, mamá,
capaz de un cordón umbilical engendrar.
Aquel que nunca estuvo en tus entrañas,
te crece para otro ser intensamente amar.
Aquella criatura que nunca diste tal vez de mamar.
Eres capaz por encima de todo perdonar,
los agravios proferidos por tus criaturas.
Es más fuerte el amor que te une a ellas,
que las heridas sangrantes en tu alma ancladas
y las huellas del dolor al no sentirte respetada ni amada.
Nadie conoce el ancho y la profundidad de tu amar.
Sólo Dios lo sabe porque te dio un corazón como el mar.
Eres capaz de toda humillación olvidar,
con tal de que no se rompa el cordón umbilical
y a tus criaturas para siempre dejar de venerar.
Muchas veces el cordón, de ti, quieres separar,
por las dolorosas huellas recibidas por amar.
¿Pero, cómo lo arrancas si en tu alma anclado está?
Es como tu vida misma cortar, tu espíritu apagar
y tus pesados años nunca jamás volver a contar.
Mamá, eres un ser muy especial.
Tu caridad y ternura es inmortal.
Eres incapaz de dejar de amar,
a pesar de tu inmenso pesar.
Prefieres llevar hasta la tumba
tu inmenso y largo cordón umbilical.
con un corazón tierno lleno de sensibilidad.
No se desprende de sus criaturas
aunque la trasladen a una lejana vecindad,
y la separen los grandes mares sin piedad.
Aunque sus criaturas hayan llegado a la mayoría de edad.
Sigue atada a ellas a través del cordón umbilical.
Ese ser tan único y especial es mamá.
Anclado en su alma el cordón umbilical está,
que la une a cada hijo de forma individual,
aunque destrozada y rota tenga el alma,
y alguien la haya dejado de amar.
Dios, pusiste en ella todo tu corazón,
para que amara con intensa pasión
a cada una de sus criaturas sin distinción.
La cuidara y protegiera con arduo tesón.
Permaneciera unida a ellas a través del cordón,
aquel que irradia seguridad, amor y protección.
Eres tu ese ser tan especial, mamá,
capaz de un cordón umbilical engendrar.
Aquel que nunca estuvo en tus entrañas,
te crece para otro ser intensamente amar.
Aquella criatura que nunca diste tal vez de mamar.
Eres capaz por encima de todo perdonar,
los agravios proferidos por tus criaturas.
Es más fuerte el amor que te une a ellas,
que las heridas sangrantes en tu alma ancladas
y las huellas del dolor al no sentirte respetada ni amada.
Nadie conoce el ancho y la profundidad de tu amar.
Sólo Dios lo sabe porque te dio un corazón como el mar.
Eres capaz de toda humillación olvidar,
con tal de que no se rompa el cordón umbilical
y a tus criaturas para siempre dejar de venerar.
Muchas veces el cordón, de ti, quieres separar,
por las dolorosas huellas recibidas por amar.
¿Pero, cómo lo arrancas si en tu alma anclado está?
Es como tu vida misma cortar, tu espíritu apagar
y tus pesados años nunca jamás volver a contar.
Mamá, eres un ser muy especial.
Tu caridad y ternura es inmortal.
Eres incapaz de dejar de amar,
a pesar de tu inmenso pesar.
Prefieres llevar hasta la tumba
tu inmenso y largo cordón umbilical.