Conversación infinita
No vine
a terminar el mundo.
Vine
a conversar con él.
Durante años
quise respuestas.
Hoy
me basta
una buena pregunta.
Una
que no cierre,
que no encierre,
que deje
la ventana abierta
para que entre
el viento.
He aprendido
que crear
necesita energía.
Que compartir
necesita valor.
Que transformar
necesita humildad.
Y que continuar
solo es posible
si uno ama
el misterio
más que sus certezas.
No somos
los dueños
del bordado.
Somos
una puntada.
Pero cada puntada,
por pequeña que sea,
cambia
el dibujo entero.
Respirar
ya modifica
el universo.
Mirar
ya lo transforma.
Amar
ensancha
las posibilidades
de otro
sin robarle
las suyas.
Quizá
ese sea
el milagro.
No hacer
a nadie
como yo.
Sino ayudarle
a descubrir
la música
que solo él
puede tocar.
Y mientras tanto,
seguir aprendiendo
a escuchar
la mía.
No quiero
una verdad
que acabe
la conversación.
Quiero
una verdad
tan viva
que invite
a seguir hablando.
Tan humilde
que pueda decir:
**todavía
no lo sabemos.**
Tan libre
que no tema
imaginar.
Tan amorosa
que no necesite
tener razón.
Si algún día
alguien me pregunta
qué encontré
después
de tantos años
de búsqueda,
sonreiré.
Y responderé:
No encontré
el final.
Encontré
el gusto
de caminar
sin dejar
de asombrarme.
Y comprendí,
al fin,
que vivir
no era
llegar.
Era
hacer
de cada instante
una conversación
capaz
de seguir
creando
el mundo.
Dikia ©
12/07/2026
No vine
a terminar el mundo.
Vine
a conversar con él.
Durante años
quise respuestas.
Hoy
me basta
una buena pregunta.
Una
que no cierre,
que no encierre,
que deje
la ventana abierta
para que entre
el viento.
He aprendido
que crear
necesita energía.
Que compartir
necesita valor.
Que transformar
necesita humildad.
Y que continuar
solo es posible
si uno ama
el misterio
más que sus certezas.
No somos
los dueños
del bordado.
Somos
una puntada.
Pero cada puntada,
por pequeña que sea,
cambia
el dibujo entero.
Respirar
ya modifica
el universo.
Mirar
ya lo transforma.
Amar
ensancha
las posibilidades
de otro
sin robarle
las suyas.
Quizá
ese sea
el milagro.
No hacer
a nadie
como yo.
Sino ayudarle
a descubrir
la música
que solo él
puede tocar.
Y mientras tanto,
seguir aprendiendo
a escuchar
la mía.
No quiero
una verdad
que acabe
la conversación.
Quiero
una verdad
tan viva
que invite
a seguir hablando.
Tan humilde
que pueda decir:
**todavía
no lo sabemos.**
Tan libre
que no tema
imaginar.
Tan amorosa
que no necesite
tener razón.
Si algún día
alguien me pregunta
qué encontré
después
de tantos años
de búsqueda,
sonreiré.
Y responderé:
No encontré
el final.
Encontré
el gusto
de caminar
sin dejar
de asombrarme.
Y comprendí,
al fin,
que vivir
no era
llegar.
Era
hacer
de cada instante
una conversación
capaz
de seguir
creando
el mundo.
Dikia ©
12/07/2026