Constrictor

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa
Apaga la calma el silencio en la nada, porque la constricción ha dejado la puerta entre abierta.
Sofoca mi calma tanto gris, de ciudad ingenua.
Sal de las pasiones negras, esteparios cuelgan sus musas detrás de cientos de velos fugaces.
Muy dentro de mí, se van derrumbando los escombros de la noche en llamas.
Nada volverá atrás, nada caerá hacia arriba.
Ley de todas las leyes incompletas, otra vez en trance, oculto tras los mantos y los suburbios de los sonidos inmateriales, acecha el dolor.
Cuento los pasos al llegar al final del camino y todo vuelve a comenzar. Néctar de los forzados.
Nadie morirá esta noche, solo las palabras.
Matan las ilusiones de las luces blancas.
Siento que floto, ¿será hora de partir?
Nadie ejerce la extinta preparación.
El agua fluye entre las pisadas del mal.
Vigila sigilosa la codicia.
Sus mentes siempre quieren más.
Nos mataran para comer.
Sin respirar, podrías morir un día más.
Siguen sin sentido, ocultando encuentros.
Membranas de un poder temido en el pasado, trampa de la carne.
Se cerraran sus cuellos, esta noche.
 

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