Angelie López Sánchez
Poeta recién llegado
Hay noches tan oscuras
como corazones impuros.
Manantial de deseos lascivos.
Un listón de terciopelo
atravesando mis caderas.
Círculos lentos, equilibrados
como el vuelo de un halcón.
Espasmos de placer.
Piel de gallina,
como trigo derramado sobre barro.
Habito un cuerpo descontrolado.
La calma viene y va.
El silencio aún arropa mi habitación.
Es como un invitado no deseado
que viene a tomar un vino conmigo.
¿Un valle del Duero?
¿O prefiere de Burdeos?
¿Escuchamos un jazz o un bossa nova?
Lo mismo me da, los dos suenan igual.
Es la música lo que me transporta al éter.
Aquí es donde lo pasional habita
con la fiera indomable.
Te devora, te desecha
y vuelve a cazar.
Con el cosmos bajo mi lengua.
El dulce de tus pupilas es mi uva,
malvasía fina.
Anhelo el calor de tus gemidos.
¡Que arda!
¡Arde como las velas de una monja!
Cuando no me cantes frente a la luna,
lloraré de rabia.
Me convertiré en el coyote hambriento
de mi morada.
Mis pechos andan sentimentales,
que la suavidad de tus manos los haga sonreír.
Que tus labios y mis labios se crucen,
igual que las órbitas opuestas.
No hay forma lógica ni coherente de
describir un ansia sin fin.
Por donde yo ande
y mi sombra se desplace
es que verás un horizonte
de esferas rodantes.
Las encontrarás
y el lenguaje perderá su forma…
Será el colapso…
Usque ad colapsum inflammabilis…
Hasta el colapso de lo inflamable…
como corazones impuros.
Manantial de deseos lascivos.
Un listón de terciopelo
atravesando mis caderas.
Círculos lentos, equilibrados
como el vuelo de un halcón.
Espasmos de placer.
Piel de gallina,
como trigo derramado sobre barro.
Habito un cuerpo descontrolado.
La calma viene y va.
El silencio aún arropa mi habitación.
Es como un invitado no deseado
que viene a tomar un vino conmigo.
¿Un valle del Duero?
¿O prefiere de Burdeos?
¿Escuchamos un jazz o un bossa nova?
Lo mismo me da, los dos suenan igual.
Es la música lo que me transporta al éter.
Aquí es donde lo pasional habita
con la fiera indomable.
Te devora, te desecha
y vuelve a cazar.
Con el cosmos bajo mi lengua.
El dulce de tus pupilas es mi uva,
malvasía fina.
Anhelo el calor de tus gemidos.
¡Que arda!
¡Arde como las velas de una monja!
Cuando no me cantes frente a la luna,
lloraré de rabia.
Me convertiré en el coyote hambriento
de mi morada.
Mis pechos andan sentimentales,
que la suavidad de tus manos los haga sonreír.
Que tus labios y mis labios se crucen,
igual que las órbitas opuestas.
No hay forma lógica ni coherente de
describir un ansia sin fin.
Por donde yo ande
y mi sombra se desplace
es que verás un horizonte
de esferas rodantes.
Las encontrarás
y el lenguaje perderá su forma…
Será el colapso…
Usque ad colapsum inflammabilis…
Hasta el colapso de lo inflamable…
© │Angelie López Sánchez│
Afinando lo desafinado 2026
Foto: Pexels
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