Waldo Anacruza
Poeta recién llegado
Con ésto de los reflejos, Arisbel.
Un eco infinito de cristalinidad
se aporrea intocable en la catedral de tus ojos
que son como susurros de enigmática cadencia
silenciosos y gritones, como del rey el trono.
Un discernir de lo que es bello ante mi alma
de algo que vale la pena, sin finales vacíos
algo que me atrapa sin cortarme las alas
algo que consume eternamente el hastío.
Un abanico de posibilidades pasmosas
de viajar a lo largo de toda una silueta
entra a través de los espejos de tus ojos
que son como risas, principios de la vida eterna.
Un eco infinito de cristalinidad
se aporrea intocable en la catedral de tus ojos
que son como susurros de enigmática cadencia
silenciosos y gritones, como del rey el trono.
Un discernir de lo que es bello ante mi alma
de algo que vale la pena, sin finales vacíos
algo que me atrapa sin cortarme las alas
algo que consume eternamente el hastío.
Un abanico de posibilidades pasmosas
de viajar a lo largo de toda una silueta
entra a través de los espejos de tus ojos
que son como risas, principios de la vida eterna.