Con la lejanía de un futuro por venir, y la presencia de un pasado que enterrar, me encuentro viviendo el presente, enjugando las lágrimas de mi rostro, moreno y pálido, refugiando en el recuerdo un dolor sin superar, acompañada de la soledad, es como me encuentro, deseando estar en un letargo, esperando a que desaparezca la sombra de mis actos, y sólo queden la sonrisa y la alegría que finjo alcanzar día a día
Sé que nada volverá a ser, y que todo algún día será, que la ley de la vida es seguir sin mirar atrás y sin embargo quiero matar el último día de mi existencia en un capricho sin cumplir, que todo termine en un suave bostezo, un cálido abrazo y un tierno beso sin recordar siquiera el sabor amargo que deja el rencor enfundado en disimulo, o la soledad que sentí en su compañía, o el dolor que oculté ante su evitable partida
Mis sentidos se cierran una y otra vez, y se aferran cada vez más a las pocas personas que no me abandonaron y que sin embargo se encuentran a una imprudente distancia.
Mis ojos no desean evitar las lágrimas que los inundan cada vez que pienso en la futura oscuridad que vendrá mucho después de soñar siquiera con la compañía insustancial, con el aislamiento de un alma que no encuentra su lugar, y que sin darse cuenta encaja a donde quiera que vaya
Mis manos se aferran incipientes a una cintura y un cuello inexistentes, a una creación imaginaria de carne y hueso, que ama y odia, ríe y llora de manera tan natural como un mar desea morir alguna vez ante un lago
Mi mente no desea presenciar la realidad, y anhela dejarse llevar por el corazón, sin temor a la vida, esperando a la muerte pidiendo paciencia y un poco de suerte.
Sé que nada volverá a ser, y que todo algún día será, que la ley de la vida es seguir sin mirar atrás y sin embargo quiero matar el último día de mi existencia en un capricho sin cumplir, que todo termine en un suave bostezo, un cálido abrazo y un tierno beso sin recordar siquiera el sabor amargo que deja el rencor enfundado en disimulo, o la soledad que sentí en su compañía, o el dolor que oculté ante su evitable partida
Mis sentidos se cierran una y otra vez, y se aferran cada vez más a las pocas personas que no me abandonaron y que sin embargo se encuentran a una imprudente distancia.
Mis ojos no desean evitar las lágrimas que los inundan cada vez que pienso en la futura oscuridad que vendrá mucho después de soñar siquiera con la compañía insustancial, con el aislamiento de un alma que no encuentra su lugar, y que sin darse cuenta encaja a donde quiera que vaya
Mis manos se aferran incipientes a una cintura y un cuello inexistentes, a una creación imaginaria de carne y hueso, que ama y odia, ríe y llora de manera tan natural como un mar desea morir alguna vez ante un lago
Mi mente no desea presenciar la realidad, y anhela dejarse llevar por el corazón, sin temor a la vida, esperando a la muerte pidiendo paciencia y un poco de suerte.