Adalberto Martin USA
Poeta recién llegado
Inspirado en el famoso poema atribuido a Ausonio, cuya frase "collige, virgo, rosas", se hizo tópico en la poesía renacentista y barroca, así cómo se ve en Garcilaso, Góngora y muchos más, y la usé de título en estas décimas.
“Collige, virgo, rosas"
Ausonio (Siglo IV d. C.)
Donde se muestra la fugacidad de la belleza y la urgencia de gozar la juventud
Coge, doncella, las rosas,
antes que el tiempo villano
marque con su fría mano
tus mejillas tan hermosas.
Esas esferas vistosas
hoy desafían al viento,
pero en un veloz momento
tu juventud tan lozana
será ceniza temprana
por el fatal vencimiento.
Mora la flor en su brote
con un rubor encendido,
como un tesoro escondido
que el sol reclama por dote.
No dejes que el tiempo agote
los labios que el aire besa;
la juventud es promesa
que dura lo que un suspiro,
mientras sostengo y admiro
tu esplendor de realeza.
Mira el clavel arrogante
que al nacer se cree eterno,
sin ver que el helado invierno
acecha ya su semblante.
El porvenir es mutante,
la carne es débil corteza;
no te engañe la grandeza
de un mediodía dorado,
pues el destino trazado
marchita toda belleza.
Tan larga como un suspiro
es la edad de los rosales:
nacen con luces astrales
y mueren mientras los miro.
De la mañana al retiro
de la noche y su penumbra,
la misma antorcha que alumbra
su nacimiento temprano,
la extingue el soplo tirano
con la furia que acostumbra.
Aquella flor que el luciente
rayo vio en la fresca aurora,
la vaga noche la llora
en su sepulcro silente.
El curso del tiempo urgente
no frena su raudo paso;
el brote marchito y laso
será carbón extinguido,
pues el hado indefinido
lo lleva todo al ocaso.
Disfruta el néctar divino
mientras la sangre te quema,
que es la juventud poema
que borra el rudo destino.
No detengas el camino
de la pasión que madura;
antes que la noche oscura
cubra tu frente de nieve,
bebe del cáliz la breve
gracia de tu arquitectura.
Recuerda que tu vigor
vuela con alas de viento;
se lleva cada momento
tu juvenil resplandor.
No guardes horas de amor
ni busques suerte en la estrella,
que el tiempo sin dar querella
todo lo opaca y descuida;
y antes que escape tu vida
coge las rosas, doncella.
Adalberto Martín
“Collige, virgo, rosas"
Ausonio (Siglo IV d. C.)
Donde se muestra la fugacidad de la belleza y la urgencia de gozar la juventud
Coge, doncella, las rosas,
antes que el tiempo villano
marque con su fría mano
tus mejillas tan hermosas.
Esas esferas vistosas
hoy desafían al viento,
pero en un veloz momento
tu juventud tan lozana
será ceniza temprana
por el fatal vencimiento.
Mora la flor en su brote
con un rubor encendido,
como un tesoro escondido
que el sol reclama por dote.
No dejes que el tiempo agote
los labios que el aire besa;
la juventud es promesa
que dura lo que un suspiro,
mientras sostengo y admiro
tu esplendor de realeza.
Mira el clavel arrogante
que al nacer se cree eterno,
sin ver que el helado invierno
acecha ya su semblante.
El porvenir es mutante,
la carne es débil corteza;
no te engañe la grandeza
de un mediodía dorado,
pues el destino trazado
marchita toda belleza.
Tan larga como un suspiro
es la edad de los rosales:
nacen con luces astrales
y mueren mientras los miro.
De la mañana al retiro
de la noche y su penumbra,
la misma antorcha que alumbra
su nacimiento temprano,
la extingue el soplo tirano
con la furia que acostumbra.
Aquella flor que el luciente
rayo vio en la fresca aurora,
la vaga noche la llora
en su sepulcro silente.
El curso del tiempo urgente
no frena su raudo paso;
el brote marchito y laso
será carbón extinguido,
pues el hado indefinido
lo lleva todo al ocaso.
Disfruta el néctar divino
mientras la sangre te quema,
que es la juventud poema
que borra el rudo destino.
No detengas el camino
de la pasión que madura;
antes que la noche oscura
cubra tu frente de nieve,
bebe del cáliz la breve
gracia de tu arquitectura.
Recuerda que tu vigor
vuela con alas de viento;
se lleva cada momento
tu juvenil resplandor.
No guardes horas de amor
ni busques suerte en la estrella,
que el tiempo sin dar querella
todo lo opaca y descuida;
y antes que escape tu vida
coge las rosas, doncella.
Adalberto Martín