[center:c250c6e57b]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 7 DE ENERO DE 2006[/center:c250c6e57b]
[center:c250c6e57b]TÍTULO DEL RELATO: * NOCHE
AUTOR DEL RELATO: _AIRIS_
PÁGINA DEL RELATO:
http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-12012.html *[/center:c250c6e57b]
RELATO:
NOCHE
Los primeros rayos de sol se deslizaban con suavidad entre las cortinas de la habitación; incidiendo sobre su cara, clavándose en su alma como estacas de fuego.
La claridad del día rompía con avidez el idílico silencio, mientras, la frialdad se fundía al contacto con la luz.
Derramó una lágrima.
Se ocultó bajo una tupida manta, intentando escapar de la realidad y se dejó envolver por la melancolía. El llanto ahogó su alma y la angustia comenzó a gritar desesperada.
Se levantó taciturno, deslizándose por las paredes del corredor ,y marchito, se dejó caer al suelo con respiración entrecortada.
Una vez más sintió el dolor de la pérdida; como cada día, la luz desvanecía su recuerdo. Aquella que durante horas le abrazaba, fría y distante; mientras él disfrutaba de su paz y soñaba embriagado por su evanescente aroma.
Pensó desolado en el tiempo, que testigo mudo de su dolor, le cautivaría hasta el anochecer. Sentía sangrar su alma cada vez que un haz incidía sobre su piel, secuestrando su felicidad.
Los celos invadían su corazón podrido y envenenado por el miedo; ecos de una traición maldita enloquecían su tormento. Pues ella, prohibida y compartida por todos, no era más que una quimera.
Años de condena a la soledad eterna , sin más esperanza que el tiempo o la muerte, habían entrecortado su aliento; haciéndole olvidar la belleza humana, el calor de un beso o el abismo oculto tras caricias y miradas.
En la oscuridad, recitaba versos a su divinizada musa, contemplando su inerte sensibilidad; al llegar el día, mustio y ajado, se dejaba envolver por los sueños, intentando escapar de aquel sol que, airado, destrozaba su alma.
Aquel era un día de verano, uno de aquellos días en que la noche se retrasa sin compasión. Había permanecido oculto en la oscuridad de su hogar durante horas, mas la espera- al menos aquello delataba su vívida sonrisa- había merecido la pena.
El cielo apagaba ya sus brillos púrpuras forjando en la penumbra sombras esperanzadas. Suspiró profundamente y encaminó sus pasos hacia la playa.
A su llegada, la noche le abrazaba con fuerza y el mar le esperaba en calma. Respiró con profundidad inundando los pulmones de la magia con que era envuelto; cerró los ojos y extendió sus brazos al silencio.
Entonces, dio aquel paso que le entregaría a la eternidad; sintió que el agua se apoderaba de su cuerpo desnudo y su vida escapaba del pecho con sordos latidos.
Él se limitó a esbozar una sonrisa, pronunciando un te quiero que tan sólo la noche pudo oír.
[center:c250c6e57b]TÍTULO DEL RELATO: * NOCHE
AUTOR DEL RELATO: _AIRIS_
PÁGINA DEL RELATO:
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RELATO:
NOCHE
Los primeros rayos de sol se deslizaban con suavidad entre las cortinas de la habitación; incidiendo sobre su cara, clavándose en su alma como estacas de fuego.
La claridad del día rompía con avidez el idílico silencio, mientras, la frialdad se fundía al contacto con la luz.
Derramó una lágrima.
Se ocultó bajo una tupida manta, intentando escapar de la realidad y se dejó envolver por la melancolía. El llanto ahogó su alma y la angustia comenzó a gritar desesperada.
Se levantó taciturno, deslizándose por las paredes del corredor ,y marchito, se dejó caer al suelo con respiración entrecortada.
Una vez más sintió el dolor de la pérdida; como cada día, la luz desvanecía su recuerdo. Aquella que durante horas le abrazaba, fría y distante; mientras él disfrutaba de su paz y soñaba embriagado por su evanescente aroma.
Pensó desolado en el tiempo, que testigo mudo de su dolor, le cautivaría hasta el anochecer. Sentía sangrar su alma cada vez que un haz incidía sobre su piel, secuestrando su felicidad.
Los celos invadían su corazón podrido y envenenado por el miedo; ecos de una traición maldita enloquecían su tormento. Pues ella, prohibida y compartida por todos, no era más que una quimera.
Años de condena a la soledad eterna , sin más esperanza que el tiempo o la muerte, habían entrecortado su aliento; haciéndole olvidar la belleza humana, el calor de un beso o el abismo oculto tras caricias y miradas.
En la oscuridad, recitaba versos a su divinizada musa, contemplando su inerte sensibilidad; al llegar el día, mustio y ajado, se dejaba envolver por los sueños, intentando escapar de aquel sol que, airado, destrozaba su alma.
Aquel era un día de verano, uno de aquellos días en que la noche se retrasa sin compasión. Había permanecido oculto en la oscuridad de su hogar durante horas, mas la espera- al menos aquello delataba su vívida sonrisa- había merecido la pena.
El cielo apagaba ya sus brillos púrpuras forjando en la penumbra sombras esperanzadas. Suspiró profundamente y encaminó sus pasos hacia la playa.
A su llegada, la noche le abrazaba con fuerza y el mar le esperaba en calma. Respiró con profundidad inundando los pulmones de la magia con que era envuelto; cerró los ojos y extendió sus brazos al silencio.
Entonces, dio aquel paso que le entregaría a la eternidad; sintió que el agua se apoderaba de su cuerpo desnudo y su vida escapaba del pecho con sordos latidos.
Él se limitó a esbozar una sonrisa, pronunciando un te quiero que tan sólo la noche pudo oír.