Me encanta una historia que soñé en mi último día en Colombia. Soñé con un sensato y sabio cocodrilo en un rio de Salento. Dentro del agua era como cualquier otro cocodrilo, verdoso, joven, tranquilo e inofensivo. Pero erase así siempre y cuando no se le molestara o despertara de su mágico mundo de eterna dieta. De lo contrario, pues, eso se sabrá al transcurrir del cuento.
Sé que hay historias, cuentos o sueños que no se dan cuando recién se llega uno a otra cultura, ambiente o elementos de otra bella naturaleza. Pero este escrito se dio, tal vez por la ocasión que tuve de admirar esa tranquilidad acuática que se brota desde las montañas, que echa a correr a la imaginación y te deja una ausencia de la que todos se dan cuenta, excepto uno mismo.
Si antes no compartí mi sueño fue porque me impresionó y quizas, por el temor de las burlas o risas que una publicación infantil o fantasiosa, como esta, me pudiesen haber generado. Pero y aunque no lo quiero aceptar, debo decir que el sueño traía un mensaje que se adapta bien a nuestros días y si, también que me gustó mucho.
La advertencia del no molestarlo o despertarlo la supe por los anuncios que habían puesto por las orillas del rio. Un tal anuncio decía;
Desafortunadamente, como todo un fiel extranjero no creí en la advertencia ni en la leyenda de que fuese un cocodrilo sabio, asi que, traté de interactuar con él, le silbé, le hablé con mi español azteca, es decir, ‘quiubole cabrón, ¿qué pinche clase de cocodrilo eres ? No has oído eso de “ camarón que se duerme se lo lleva la v..” etc, pero el cocodrilo felizmente me ignoraba. Asi que por razón de que me ignorara me ví en la obligación de tocarlo, de hacerle saber que no me daba miedo y lo toqué cerca de sus boludas nalgas.
Y si, como decía la leyenda, despues de tocarlo se despertó y desde el agua se transformó en un sabio ser serio, alto y con una mirada de remordimiento por las consecuencias del haberlo despertado, es decir, que no tenía otra salida mas que comerse a un ser humano.
Lo extraño es que era lento, paciente y caminaba con los ojos cerrados como si para no mirar a nadie y así evitar una tragedia. Dado a esa lentitud y amable sonrisa colmilluda, casi nadie corría si no mas bien, advertían a los demás de su adorable presencia. Por mala suerte una chica que estaba en su celular y sus auriculares no escuchó tal llamado y el cocodrilo la sorprendió. Le pidió disculpas a la chica por el susto y porque tenía que llevársela hacia al rio para darle un bautismo eterno, de muerte.
La parte grata es que el cocodrilo era sociable, interactuaba y daba clases, muestras del cómo podía comérsela sin dolor y con un sentir como el sueño de volar, pero por debajo del agua.
La gente se opuso a aquel desenlace y el cocodrilo, por ser sabio, invito a un reto, al que quisieran a cambio de la libertad de la chica. Alguien, un valiente colombiano lo reto a las matemáticas. El chico saco su pluma, su cuaderno; el cocodrilo saco su cuaderno, pero no una pluma si no, y sin darse cuenta, un lápiz labial para el reto de los números.
Eso del lápiz labial causó tantas risas en la multitud que el cocodrilo mucho se apenó, se olvido del hambre y al agua se volvió. La moraleja, creo yo, es que no no debemos estar tan apegados al teléfono, a los auriculares y que las apareciencias varoniles nos dan sorpresas. Con respecto a mi, en aquel sueño la gente se encabronó mucho conmigo por no respetar los anuncios.
Yo desperté y tuve que alistarme para volar, para seguir pensando en tan bello cocodrilo que solo se ve en sueños.
Fidel Guerra
Springfield, Oregon,
Febrero, 16, 2020.
Sé que hay historias, cuentos o sueños que no se dan cuando recién se llega uno a otra cultura, ambiente o elementos de otra bella naturaleza. Pero este escrito se dio, tal vez por la ocasión que tuve de admirar esa tranquilidad acuática que se brota desde las montañas, que echa a correr a la imaginación y te deja una ausencia de la que todos se dan cuenta, excepto uno mismo.
Si antes no compartí mi sueño fue porque me impresionó y quizas, por el temor de las burlas o risas que una publicación infantil o fantasiosa, como esta, me pudiesen haber generado. Pero y aunque no lo quiero aceptar, debo decir que el sueño traía un mensaje que se adapta bien a nuestros días y si, también que me gustó mucho.
La advertencia del no molestarlo o despertarlo la supe por los anuncios que habían puesto por las orillas del rio. Un tal anuncio decía;
Sabia advertencia;
sabio cocodrilo presente, mas si no se le toca o despierta,
nadar en el rio o cerca del coco es seguro.
Por favor respete sus sueños.!
sabio cocodrilo presente, mas si no se le toca o despierta,
nadar en el rio o cerca del coco es seguro.
Por favor respete sus sueños.!
Desafortunadamente, como todo un fiel extranjero no creí en la advertencia ni en la leyenda de que fuese un cocodrilo sabio, asi que, traté de interactuar con él, le silbé, le hablé con mi español azteca, es decir, ‘quiubole cabrón, ¿qué pinche clase de cocodrilo eres ? No has oído eso de “ camarón que se duerme se lo lleva la v..” etc, pero el cocodrilo felizmente me ignoraba. Asi que por razón de que me ignorara me ví en la obligación de tocarlo, de hacerle saber que no me daba miedo y lo toqué cerca de sus boludas nalgas.
Y si, como decía la leyenda, despues de tocarlo se despertó y desde el agua se transformó en un sabio ser serio, alto y con una mirada de remordimiento por las consecuencias del haberlo despertado, es decir, que no tenía otra salida mas que comerse a un ser humano.
Lo extraño es que era lento, paciente y caminaba con los ojos cerrados como si para no mirar a nadie y así evitar una tragedia. Dado a esa lentitud y amable sonrisa colmilluda, casi nadie corría si no mas bien, advertían a los demás de su adorable presencia. Por mala suerte una chica que estaba en su celular y sus auriculares no escuchó tal llamado y el cocodrilo la sorprendió. Le pidió disculpas a la chica por el susto y porque tenía que llevársela hacia al rio para darle un bautismo eterno, de muerte.
La parte grata es que el cocodrilo era sociable, interactuaba y daba clases, muestras del cómo podía comérsela sin dolor y con un sentir como el sueño de volar, pero por debajo del agua.
La gente se opuso a aquel desenlace y el cocodrilo, por ser sabio, invito a un reto, al que quisieran a cambio de la libertad de la chica. Alguien, un valiente colombiano lo reto a las matemáticas. El chico saco su pluma, su cuaderno; el cocodrilo saco su cuaderno, pero no una pluma si no, y sin darse cuenta, un lápiz labial para el reto de los números.
Eso del lápiz labial causó tantas risas en la multitud que el cocodrilo mucho se apenó, se olvido del hambre y al agua se volvió. La moraleja, creo yo, es que no no debemos estar tan apegados al teléfono, a los auriculares y que las apareciencias varoniles nos dan sorpresas. Con respecto a mi, en aquel sueño la gente se encabronó mucho conmigo por no respetar los anuncios.
Yo desperté y tuve que alistarme para volar, para seguir pensando en tan bello cocodrilo que solo se ve en sueños.
Fidel Guerra
Springfield, Oregon,
Febrero, 16, 2020.
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