Estimado compañero, Gato_Ex_Sin_Dueño,
permíteme librarte del cero, más que con un aplauso con alguna recomendación de las que, si algo he oído, aún no tengo dominadas (La teoría es una cosa, y la práctica todas juntas ::

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Al margen de la estructura y función ideadas para las décimas, dentro de la construcción poética, existen unas condiciones para favorecer o actuar en detrimento del resultado final de la obra, según cómo se administren.
El valor fundamental de toda poesía, métrica o no, es su sonoridad (Sin desmérito del fondo, claro). Cuando implementamos un elemento de efecto sonoro diremos que aporta “Eufonía” si el resultado es óptimo, y “Cacofonía” si el resultado es malo.
Así, entre estos elementos veremos que existe lo que se da en llamar “Esticotimia” (frase o grupo sintáctico, por verso).
Éste es uno de esos síntomas característicos de los poetas que pasan apuros para constituir el metraje. Lo aconsejable, es buscar una dicción natural y relajada (no pautada en versos), con frases que se continúan en el siguiente verso (encabalgamiento), o en los siguientes versos o, incluso, durante todo el poema.
Observa cómo en tu décima dispones toda la estructura sintáctica de forma exclusivamente en versículos.
Otra de las cosas que hay que vigilar, velando por la salud de la sonoridad, es el empleo de los versos oxítonos (Acabados con palabras agudas). La intensidad de esta terminación cobra una importancia muy superior a la clásica paroxítona (versos acabados con palabras llanas) y se corre el riesgo de eclipsar, con tanta intensidad, la semántica que protagoniza esta última, cuando se entremezclan. Este tipo de versos suele ser adecuado para bordones (Efectos finales de poema), para enfatizar un aspecto central del contenido (aunque, para eso, resulta más efectivo un antirrítmico) o para intensificar un tono airado, marcial o muy enfático.
Observa cómo en tu décima empleas esta terminación con, por ejemplo, “¿quién se cambió de carril?/¿quién ya apagó su candil?” y tales requerimientos no imperan más que “¿quién cada día me olvida?/ ¿quién me expulsó de su cielo?” pero exigen una mayor atención por su efecto de sonoridad.
YA puestos, recomendarte que no pierdas de vista la fluidez retórica y la coherencia del tono. Me explico:
En tu décima propones un lenguaje llano, directo y parco en giros retóricos. Lo que llamamos “Al pan pan, y al vino vino”.
Enmarcado en tales lides el hipérbaton no pega ni con cola ¿quién ya apagó su candil? El “ya” te sobra sin perjuicio de la métrica, pero de usarlo debiera estar después del verbo (en el grupo de predicado) y no antes. Si estuviésemos redactando desde un plano culto, con reminiscencias de la vieja usanza, podría encajar y generar un efecto atractivo, pero en un contexto de diálogo actual no. (¿Te imaginas yendo a comprar el pan y diciendo “Dame, de pan, por favor, una barra”? ::

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Por último, recomendarte que vigiles las sinalefas. Existe amplia controversia en cuanto a su correcta aplicación, según en qué ocasiones, pero se tiene por preceptiva asumida que las sinalefas no pueden hacerse durante las sílabas tónicas de las palabras con peso significativo, o en lugar del verso que protagonice un ritmo.
En tu décima observamos:
“¿quién me clavó <-> este puñal?” “este” es un demostrativo que carece de significación suficiente como para tenerlo en cuenta, pero “clavó” tiene todo el significado, como verbo, de la acción; no puede obviarse.
"¿quién me partió <-> en su partida?" Nos ocurre lo mismo con la preposición, que no trasciende, y con el verbo
"¿quién me arrojó <-> al desconsuelo?" Lo mismo
"¿quién me robó <-> el mes de abril?" Lo mismo
Con todo esto, espero haberte podido echar una mano. Pero si no ha sido así y sólo te he generado dudas mayores... ¡A mí no me eches la bronca que yo sólo te he copado los consejos que me dan! ::

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Recibe un abrazo,
Segis