Cassiel

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Sentado, en medio de un parque abandonado, y él también lo estaba,

señor de canas cortas, y ojos profundos, admiraba el tenue fulgor de las velas,
en sus manos, un pastel, disfrutándolo en el silencio de la ciudad,

bocado tras bocado, se iba acabando el disfrute, pero las velas no querían apagarse,
estaban ahí, recordándole su estadía efímera por este mundo,

plato en mano, vacío de fortuna, y un silencio acosador nubló la noche,

frío y soledad, acompañaron a este señor hasta su casa,

las velas seguían allí, olvidadas o no, en ese banco donde él decidió festejar su soledad,

ahora, un nuevo día se alzaba,

"sabiduría" trinaban los zorzales, "sabiduría" promulgaban los rayos del sol, "sabiduría" regalaban las caricias del viento,

y en su honestidad amarga, se despierta una vez más, aquel señor, que supo distenderse en la incertidumbre,

ahora, su más loable certeza, es contemplar y dejar ser, lo que la luz quiera iluminar.
 
Sentado, en medio de un parque abandonado, y él también lo estaba,

señor de canas cortas, y ojos profundos, admiraba el tenue fulgor de las velas,
en sus manos, un pastel, disfrutándolo en el silencio de la ciudad,

bocado tras bocado, se iba acabando el disfrute, pero las velas no querían apagarse,
estaban ahí, recordándole su estadía efímera por este mundo,

plato en mano, vacío de fortuna, y un silencio acosador nubló la noche,

frío y soledad, acompañaron a este señor hasta su casa,

las velas seguían allí, olvidadas o no, en ese banco donde él decidió festejar su soledad,

ahora, un nuevo día se alzaba,

"sabiduría" trinaban los zorzales, "sabiduría" promulgaban los rayos del sol, "sabiduría" regalaban las caricias del viento,

y en su honestidad amarga, se despierta una vez más, aquel señor, que supo distenderse en la incertidumbre,

ahora, su más loable certeza, es contemplar y dejar ser, lo que la luz quiera iluminar.
Maravilloso mensaje traes con este poema. La aparente contradicción del "silencio de la ciudad", nos habla de la incoherencia del estilo de vida moderno en las ciudades, donde el silencio de la soledad del individuo, convive con la ruidosa indiferencia de la sociedad. Pero el protagonista del poema está en otro nivel, pues no se deja embaucar por artificios y está en la búsqueda de la sabiduría, aunque eso suponga un camino en solitario. Un placer leerlo. Saludos
 
Sentado, en medio de un parque abandonado, y él también lo estaba,

señor de canas cortas, y ojos profundos, admiraba el tenue fulgor de las velas,
en sus manos, un pastel, disfrutándolo en el silencio de la ciudad,

bocado tras bocado, se iba acabando el disfrute, pero las velas no querían apagarse,
estaban ahí, recordándole su estadía efímera por este mundo,

plato en mano, vacío de fortuna, y un silencio acosador nubló la noche,

frío y soledad, acompañaron a este señor hasta su casa,

las velas seguían allí, olvidadas o no, en ese banco donde él decidió festejar su soledad,

ahora, un nuevo día se alzaba,

"sabiduría" trinaban los zorzales, "sabiduría" promulgaban los rayos del sol, "sabiduría" regalaban las caricias del viento,

y en su honestidad amarga, se despierta una vez más, aquel señor, que supo distenderse en la incertidumbre,

ahora, su más loable certeza, es contemplar y dejar ser, lo que la luz quiera iluminar.
A veces nos toca aceptar con serenidad e incertidumbre la realidad del presente.

Saludos
 

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