Casa Roca

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Poeta recién llegado
1
Llegaron las sábanas, el pincel gigante y mi gusto
por el deseo.

Yo pintaba rostros magenta y títulos de fondo,
pero no caían bien entres mis alumnos, lectores
ni adeptos (a lo que yo hiciera). Los compradores
eran pocos y mis observadores gozaban de su
casualidad diaria. Seguro deseaban no ver,
mas si pasar por la calle estrecha de mi plaza.

Casa Roca y sus veredas muertas tapaban
ciénagas. Y mis pies pisaban cemento fresco
para aspirar a dejar huella, sino en mis
lienzos, en las de otros.

2
Mis dedos giraban en pasto, en
verde ocre para mis noches de fondo.

Otras luces caían para formar sombras
donde nadie veía, donde no se asomaba
ni el antojo. Creía en mi desesperación
que el soñar se pintaba y (...)

Cuántos vinos rojos terminaré bebiendo
hoy. ¿Y terminaré este cuadro para
finales de Agosto? Llegará a un hombre
vivo mi capacidad de asombro, el de un
ebrio que pinta (o mancha) y limpia
copas. ¿Qué llegará?

Pinta mejor el silencio que mi brocha,
y los túneles ratonescos hacen esquirlas.
Estoy seguro que mi momento pegado
al piso dan mejor foto que mi domingo.

3
En la plaza; otro finde, mis cánulas
podrían mi cuerpo. Y la pintura era
maquillaje de muerte, de acuarela en
seco. Mis ojos se desvanecían en el
piso, concreto que taparan mis
agujeros al caer yo al foso.

Solo dos me miran, y cierran los ojos.
La luz se va de Casa Roca y mis esperanzas
se trepan en las alas del brillo, de su
pequeño y corto existir. Se va mi alimento.

Venderé mis botas mañana, y todos mis
cuadros serán robados (y luego tirados).

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