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Cartas entre narciso y el lago. Madariago y el Príncipe oscuro.

Guerrero de la luz

Poeta recién llegado
Madariago.

Hay cosas que nunca le cuento a nadie, ni a mí mismo. Hay cosas que solo comparto con este papel y con el fuego de mi chimenea. Si un día los cientos de líneas que te he escrito lograran levantarse de sus cenizas como un ave fénix, sería mi fin Dimetrio.

¡Oh Dimetrio! Eres mi espejo perfecto.
El lugar donde puedo amarme y desahogar mi perversidad aberrante
Sin que un solo atisbo de culpa emerja del fondo oscuro de mi alma y me torture
En mi soledad.


Dimetrio:

Aceptar mi necesidad retorcida de ti sería perder el juego Madariago.
Sería también perderte a ti.
Por eso prefiero callarlo y conformarme con la felicidad macabra de humillarte
y atacarte.
Podría tener a cualquiera. Un aspirante a mí, que deslumbrado por mi ego se humille
Ante mí. Alguien que reafirme mis mentiras y que el sadismo de pisarlo me haga olvidar el tormento de sentirme pequeño, de sentirme vacío.
Pero te prefiero a ti mi némesis perfecto.

Madariago:

Mi enemigo a muerte, mi amor.
Amarte a plena luz del sol ante los ojos de todos sería peor que la muerte…significaría ser destruido.
Por eso prefiero insultarte ante todos. Intimidarte con mis miradas beligerantes.
Prefiero escupirte públicamente y disfrutar de hacer evidentes tus carencias, tus errores, tus talones de Aquiles, que también son los míos.
Porque eres mi reflejo. A quien amarle y odiarle me desgarra las entrañas, pero intentar destruirle…internar destruirte es la Gloria.
Por eso te amo mi lago, mi narciso.

Dimetrio:

Hasta en sueños he flagelado mi conciencia con la rabia más acida y recalcitrante.
Pues en la tranquilidad de mi letargo, se ha atrevido a nombrarte en tono suave y amoroso.
Y el miedo helado de perder mi mascara enorme y pesada que cubre mis vergüenzas del sol y de los ojos de la gente, despierta en mí una furia mordaz.

Madariago:

¿Quién soy yo? No creo que lo sepas. Nunca lo sabrás porque ni yo mismo lo sé.
Pero me gusta creer que soy esta mascara hermosa que veo en tus ojos. Es mucho mejor que la estupidez de adentrarme temerariamente en el mar negro de mi alma a buscar lo desconocido.

No puedo terminar contigo enemigo mío. Contigo las batallas son perfectas.
Si gano, me siento el Dios de Dioses. Si pierdo, se enciende en mí la llama de la venganza que me distrae de mis tristezas y mi soledad.

Dimetrio:

No podríamos estar juntos nunca. Ni en la furtividad.
Pues las bestias demoniacas que nos custodian terminarían destruyéndonos mutuamente.
Es mejor permanecer en la distancia, en el secreto. En el disfraz de enemigos amor mío.
 
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