Diana M. Alvarez
Poeta recién llegado
Anoche cuando mis ojos finalmente se cerraron
en mi mente las visiones de mi alma continuaron
Como lo hacen cada noche para elevarme hasta el cielo
Donde te envuelvo en mis alas y te abrigo con mi pelo
y al soñarte cual un niño en mi cuerpo así arropado
la noche se me ilumina porque me encuentro a tu lado
y de tanto gozo lloro y te humedece mi llanto
y te despiertas sonriendo sometiéndome a tu encanto
Dejándome tan solo inmóvil mientras mi dulce durmiente
se convierte ante mi vista en un hombre de repente
que es ahora quien protege y llena con serenidad
mi seno y mi pensamiento mi interior y mi oquedad
y resguardas mi inocencia y me besas tiernamente
disponiéndome las mieles de tu apetecible fuente
esa boca inagotable de labios color ciruela
que al alimentar mi alma la hacen grácil y ligera
Devolviéndole la paz que precisará mañana
Cuando la insensible luz del cruento sol por mi ventana
Consiga abrir nuevamente mis ojos, para en el día
Continuar con el oficio de extrañarte vida mía.
en mi mente las visiones de mi alma continuaron
Como lo hacen cada noche para elevarme hasta el cielo
Donde te envuelvo en mis alas y te abrigo con mi pelo
y al soñarte cual un niño en mi cuerpo así arropado
la noche se me ilumina porque me encuentro a tu lado
y de tanto gozo lloro y te humedece mi llanto
y te despiertas sonriendo sometiéndome a tu encanto
Dejándome tan solo inmóvil mientras mi dulce durmiente
se convierte ante mi vista en un hombre de repente
que es ahora quien protege y llena con serenidad
mi seno y mi pensamiento mi interior y mi oquedad
y resguardas mi inocencia y me besas tiernamente
disponiéndome las mieles de tu apetecible fuente
esa boca inagotable de labios color ciruela
que al alimentar mi alma la hacen grácil y ligera
Devolviéndole la paz que precisará mañana
Cuando la insensible luz del cruento sol por mi ventana
Consiga abrir nuevamente mis ojos, para en el día
Continuar con el oficio de extrañarte vida mía.