Caballito (cuento motivacional)

María Rentería

Luna en Acuario.
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Había una vez un gran circo, en el que actuaban graciosos payasos que con sus chistes hacían reír a todos, valientes trapecistas que volaban por los aires haciendo piruetas y sosteniéndose unos a otros, un domador de leones y tigres, graciosos monos e inteligentes elefantes que hacían suertes con pelotas y bancos.

Entre los animales del circo, había una yegua muy hermosa que recientemente había dado a luz a Caballito. Caballito era un potrillo muy tierno y muy hermoso, que crecía feliz al lado de su mamá. Conforme iba pasando el tiempo, se hacía amigo de todos los animales del circo, y había un caballo grande y muy fuerte, que él admiraba porque era ayuda para una dama muy bella y valiente que hacía equilibrios sobre él. Caballito, cuando fuera grande, quería hacer ese número con la bella dama, pero aún no era tan grande y tan fuerte.

Pasaba el tiempo, y Caballito no crecía tan rápido como él quería. Un día le pidió a los monos que le ataran las patas y luego le pidió a uno de los elefantes que lo jalara de ellas para ver si se le estiraban. El elefante por supuesto, pensó que estaba un poco loco, y no le hizo caso. Había un mono que era muy travieso y un poco abusivo, y le dijo que si comía mucho, pero mucho, pero mucho mucho, se iba a volver grande y fuerte con más rapidez. Ese día, Caballito comió y comió, comió y comió todo lo que pudo, zanahorias, forraje, verduras… hasta que no pudo más. Después Caballito se sintió muy mal del estómago, porque a nadie le hace bien comer en exceso. Los animales del circo empezaban a burlarse de los esfuerzos de Caballito por crecer más rápido de lo que la naturaleza le permitía, y por un tiempo estuvo muy triste.

Un día, amaneciendo, Nina, la linda hija pequeña de la valiente dama que hacía equilibrios a caballo, fue a donde estaba Caballito y le empezó a cepillar el pelo, a hablarle al oído muy quedo y con lindas palabras y limpiarle las pezuñas. Desde ese momento, Nina pasaba mucho tiempo jugando con Caballito todos los días y llevándolo a pasear. El tiempo pasaba, y los músculos de Caballito crecían y se fortalecían, pero aún no tanto… hasta que una hermosa mañana llegó Nina con una pequeña silla de montar y se la colocó a Caballito en el lomo, amarrándola muy firme… y lo montó. Caballito estaba feliz, pues se sentía útil y cada vez más fuerte y primero despacito y luego cada vez más rápido, Nina cabalgaba a lomo de Caballito y su amistad crecía y se fortalecía.

Así pasaron días, meses y algunos años y Caballito fue creciendo igual que Nina, y él vio como ella empezaba a hacer suertes de equilibrio sobre unas cuerdas a unos cuantos centímetros del suelo, cada vez más alto… y a enseñarle a él como cabalgar rápido, pero tan gentil y firmemente que casi no moviera más que sus piernas y muy poquito o nada, su lomo… y un buen día, Nina, que era ya una bella adolescente, se puso de pie sobre Caballito, que también era ya un joven corcel, lo suficientemente grande y fuerte para sostener a Nina haciendo suertes sobre él, y así, jinete y caballo se movieron juntos como uno solo…

Caballito no cabía en sí de la emoción el día de su debut, el mismo día que la mamá de Nina y su caballo se retiraban del espectáculo. Caballito y Nina, juntos y tan felices, hicieron muy, pero muy bien su acto, y se volvieron la sensación del circo. En todo este tiempo, Caballito había aprendido que todos los plazos se cumplen, y que en la vida hay tiempo para lograr nuestras metas más anheladas. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Nota: este cuento lo escribí para una práctica escolar de mi hija que estudia para maestra de educación especial.
 
Última edición:
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Había una vez un gran circo, en el que actuaban graciosos payasos que con sus chistes hacían reír a todos, valientes trapecistas que volaban por los aires haciendo piruetas y sosteniéndose unos a otros, un domador de leones y tigres, graciosos monos e inteligentes elefantes que hacían suertes con pelotas y bancos.

Entre los animales del circo, había una yegua muy hermosa que recientemente había dado a luz a Caballito. Caballito era un potrillo muy tierno y muy hermoso, que crecía feliz al lado de su mamá. Conforme iba pasando el tiempo, se hacía amigo de todos los animales del circo, y había un caballo grande y muy fuerte, que él admiraba porque era ayuda para una dama muy bella y valiente que hacía equilibrios sobre él. Caballito, cuando fuera grande, quería hacer ese número con la bella dama, pero aún no era tan grande y tan fuerte.

Pasaba el tiempo, y Caballito no crecía tan rápido como él quería. Un día le pidió a los monos que le ataran las patas y luego le pidió a uno de los elefantes que lo jalara de ellas para ver si se le estiraban. El elefante por supuesto, pensó que estaba un poco loco, y no le hizo caso. Había un mono que era muy travieso y un poco abusivo, y le dijo que si comía mucho, pero mucho, pero mucho mucho, se iba a volver grande y fuerte con más rapidez. Ese día, Caballito comió y comió, comió y comió todo lo que pudo, zanahorias, forraje, verduras… hasta que no pudo más. Después Caballito se sintió muy mal del estómago, porque a nadie le hace bien comer en exceso. Los animales del circo empezaban a burlarse de los esfuerzos de Caballito por crecer más rápido de lo que la naturaleza le permitía, y empezó a ponerse muy triste.

Un día, amaneciendo, Nina, la linda hija pequeña de la valiente dama que hacía equilibrios a caballo, fue a donde estaba Caballito y le empezó a cepillar el pelo, a hablarle al oído muy quedo y con lindas palabras y limpiarle las pezuñas. Desde ese momento, Nina pasaba mucho tiempo jugando con Caballito todos los días y llevándolo a pasear. El tiempo pasaba, y los músculos de Caballito crecían y se fortalecían, pero aún no tanto… hasta que una hermosa mañana llegó Nina con una pequeña silla de montar y se la colocó a Caballito en el lomo, amarrándola muy firme… y lo montó. Caballito estaba feliz, pues se sentía útil y cada vez más fuerte y primero despacito y luego cada vez más rápido, Nina cabalgaba a lomo de Caballito y su amistad crecía y se fortalecía.

Así pasaron días, meses y algunos años y Caballito fue creciendo igual que Nina, y él vio como ella empezaba a hacer suertes de equilibrio sobre unas cuerdas a unos cuantos centímetros del suelo, cada vez más alto… y a enseñarle a él como cabalgar rápido, pero tan gentil y firmemente que casi no moviera más que sus piernas y muy poquito o nada, su lomo… y un buen día, Nina, que era ya una bella adolescente, se puso de pie sobre Caballito, que también era ya un joven corcel, lo suficientemente grande y fuerte para sostener a Nina haciendo suertes sobre él, y así, jinete y caballo se movieron juntos como uno solo…

Caballito no cabía en sí de la emoción el día de su debut, el mismo día que la mamá de Nina y su caballo se retiraban del espectáculo. Caballito y Nina, juntos y tan felices, hicieron muy, pero muy bien su acto, y se volvieron la sensación del circo. En todo este tiempo, Caballito había aprendido que todos los plazos se cumplen, y que en la vida hay tiempo para lograr nuestras metas más anheladas. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Nota: este cuento lo escribí para una práctica escolar de mi hija que estudia para maestra de educación especial.
Bonito cuento. Espero qu etu hija sea una buena maestra.

Feliz año.
 
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Había una vez un gran circo, en el que actuaban graciosos payasos que con sus chistes hacían reír a todos, valientes trapecistas que volaban por los aires haciendo piruetas y sosteniéndose unos a otros, un domador de leones y tigres, graciosos monos e inteligentes elefantes que hacían suertes con pelotas y bancos.

Entre los animales del circo, había una yegua muy hermosa que recientemente había dado a luz a Caballito. Caballito era un potrillo muy tierno y muy hermoso, que crecía feliz al lado de su mamá. Conforme iba pasando el tiempo, se hacía amigo de todos los animales del circo, y había un caballo grande y muy fuerte, que él admiraba porque era ayuda para una dama muy bella y valiente que hacía equilibrios sobre él. Caballito, cuando fuera grande, quería hacer ese número con la bella dama, pero aún no era tan grande y tan fuerte.

Pasaba el tiempo, y Caballito no crecía tan rápido como él quería. Un día le pidió a los monos que le ataran las patas y luego le pidió a uno de los elefantes que lo jalara de ellas para ver si se le estiraban. El elefante por supuesto, pensó que estaba un poco loco, y no le hizo caso. Había un mono que era muy travieso y un poco abusivo, y le dijo que si comía mucho, pero mucho, pero mucho mucho, se iba a volver grande y fuerte con más rapidez. Ese día, Caballito comió y comió, comió y comió todo lo que pudo, zanahorias, forraje, verduras… hasta que no pudo más. Después Caballito se sintió muy mal del estómago, porque a nadie le hace bien comer en exceso. Los animales del circo empezaban a burlarse de los esfuerzos de Caballito por crecer más rápido de lo que la naturaleza le permitía, y empezó a ponerse muy triste.

Un día, amaneciendo, Nina, la linda hija pequeña de la valiente dama que hacía equilibrios a caballo, fue a donde estaba Caballito y le empezó a cepillar el pelo, a hablarle al oído muy quedo y con lindas palabras y limpiarle las pezuñas. Desde ese momento, Nina pasaba mucho tiempo jugando con Caballito todos los días y llevándolo a pasear. El tiempo pasaba, y los músculos de Caballito crecían y se fortalecían, pero aún no tanto… hasta que una hermosa mañana llegó Nina con una pequeña silla de montar y se la colocó a Caballito en el lomo, amarrándola muy firme… y lo montó. Caballito estaba feliz, pues se sentía útil y cada vez más fuerte y primero despacito y luego cada vez más rápido, Nina cabalgaba a lomo de Caballito y su amistad crecía y se fortalecía.

Así pasaron días, meses y algunos años y Caballito fue creciendo igual que Nina, y él vio como ella empezaba a hacer suertes de equilibrio sobre unas cuerdas a unos cuantos centímetros del suelo, cada vez más alto… y a enseñarle a él como cabalgar rápido, pero tan gentil y firmemente que casi no moviera más que sus piernas y muy poquito o nada, su lomo… y un buen día, Nina, que era ya una bella adolescente, se puso de pie sobre Caballito, que también era ya un joven corcel, lo suficientemente grande y fuerte para sostener a Nina haciendo suertes sobre él, y así, jinete y caballo se movieron juntos como uno solo…

Caballito no cabía en sí de la emoción el día de su debut, el mismo día que la mamá de Nina y su caballo se retiraban del espectáculo. Caballito y Nina, juntos y tan felices, hicieron muy, pero muy bien su acto, y se volvieron la sensación del circo. En todo este tiempo, Caballito había aprendido que todos los plazos se cumplen, y que en la vida hay tiempo para lograr nuestras metas más anheladas. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Nota: este cuento lo escribí para una práctica escolar de mi hija que estudia para maestra de educación especial.


Bueno, con una "mami" así seguro que triunfa, jeje.

Me sentí niño, y estaba "embobado" según iba leyendo el avance y evolución de caballito, jejeje.
Un bonito cuento con su provechosa moraleja que marca el camino para lograr nuestras metas.
Final feliz, yo feliz! jejeje.
Un gusto acompañar tu linda obra y desearte feliz año nuevo junto a tus seres queridos.
Vidal
 
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Había una vez un gran circo, en el que actuaban graciosos payasos que con sus chistes hacían reír a todos, valientes trapecistas que volaban por los aires haciendo piruetas y sosteniéndose unos a otros, un domador de leones y tigres, graciosos monos e inteligentes elefantes que hacían suertes con pelotas y bancos.

Entre los animales del circo, había una yegua muy hermosa que recientemente había dado a luz a Caballito. Caballito era un potrillo muy tierno y muy hermoso, que crecía feliz al lado de su mamá. Conforme iba pasando el tiempo, se hacía amigo de todos los animales del circo, y había un caballo grande y muy fuerte, que él admiraba porque era ayuda para una dama muy bella y valiente que hacía equilibrios sobre él. Caballito, cuando fuera grande, quería hacer ese número con la bella dama, pero aún no era tan grande y tan fuerte.

Pasaba el tiempo, y Caballito no crecía tan rápido como él quería. Un día le pidió a los monos que le ataran las patas y luego le pidió a uno de los elefantes que lo jalara de ellas para ver si se le estiraban. El elefante por supuesto, pensó que estaba un poco loco, y no le hizo caso. Había un mono que era muy travieso y un poco abusivo, y le dijo que si comía mucho, pero mucho, pero mucho mucho, se iba a volver grande y fuerte con más rapidez. Ese día, Caballito comió y comió, comió y comió todo lo que pudo, zanahorias, forraje, verduras… hasta que no pudo más. Después Caballito se sintió muy mal del estómago, porque a nadie le hace bien comer en exceso. Los animales del circo empezaban a burlarse de los esfuerzos de Caballito por crecer más rápido de lo que la naturaleza le permitía, y empezó a ponerse muy triste.

Un día, amaneciendo, Nina, la linda hija pequeña de la valiente dama que hacía equilibrios a caballo, fue a donde estaba Caballito y le empezó a cepillar el pelo, a hablarle al oído muy quedo y con lindas palabras y limpiarle las pezuñas. Desde ese momento, Nina pasaba mucho tiempo jugando con Caballito todos los días y llevándolo a pasear. El tiempo pasaba, y los músculos de Caballito crecían y se fortalecían, pero aún no tanto… hasta que una hermosa mañana llegó Nina con una pequeña silla de montar y se la colocó a Caballito en el lomo, amarrándola muy firme… y lo montó. Caballito estaba feliz, pues se sentía útil y cada vez más fuerte y primero despacito y luego cada vez más rápido, Nina cabalgaba a lomo de Caballito y su amistad crecía y se fortalecía.

Así pasaron días, meses y algunos años y Caballito fue creciendo igual que Nina, y él vio como ella empezaba a hacer suertes de equilibrio sobre unas cuerdas a unos cuantos centímetros del suelo, cada vez más alto… y a enseñarle a él como cabalgar rápido, pero tan gentil y firmemente que casi no moviera más que sus piernas y muy poquito o nada, su lomo… y un buen día, Nina, que era ya una bella adolescente, se puso de pie sobre Caballito, que también era ya un joven corcel, lo suficientemente grande y fuerte para sostener a Nina haciendo suertes sobre él, y así, jinete y caballo se movieron juntos como uno solo…

Caballito no cabía en sí de la emoción el día de su debut, el mismo día que la mamá de Nina y su caballo se retiraban del espectáculo. Caballito y Nina, juntos y tan felices, hicieron muy, pero muy bien su acto, y se volvieron la sensación del circo. En todo este tiempo, Caballito había aprendido que todos los plazos se cumplen, y que en la vida hay tiempo para lograr nuestras metas más anheladas. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Nota: este cuento lo escribí para una práctica escolar de mi hija que estudia para maestra de educación especial.
Me ha gustado mucho María, me encanta el nombre "Caballito" le da un aire muy especial a tu bello cuento, su moraleja es sabia y adecuada para los niños. Escribes muy bien prosa igual que la poesía. Te mando un besote de 2017 desde mi más profunda amistad: Muak. Paco.
 
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Había una vez un gran circo, en el que actuaban graciosos payasos que con sus chistes hacían reír a todos, valientes trapecistas que volaban por los aires haciendo piruetas y sosteniéndose unos a otros, un domador de leones y tigres, graciosos monos e inteligentes elefantes que hacían suertes con pelotas y bancos.

Entre los animales del circo, había una yegua muy hermosa que recientemente había dado a luz a Caballito. Caballito era un potrillo muy tierno y muy hermoso, que crecía feliz al lado de su mamá. Conforme iba pasando el tiempo, se hacía amigo de todos los animales del circo, y había un caballo grande y muy fuerte, que él admiraba porque era ayuda para una dama muy bella y valiente que hacía equilibrios sobre él. Caballito, cuando fuera grande, quería hacer ese número con la bella dama, pero aún no era tan grande y tan fuerte.

Pasaba el tiempo, y Caballito no crecía tan rápido como él quería. Un día le pidió a los monos que le ataran las patas y luego le pidió a uno de los elefantes que lo jalara de ellas para ver si se le estiraban. El elefante por supuesto, pensó que estaba un poco loco, y no le hizo caso. Había un mono que era muy travieso y un poco abusivo, y le dijo que si comía mucho, pero mucho, pero mucho mucho, se iba a volver grande y fuerte con más rapidez. Ese día, Caballito comió y comió, comió y comió todo lo que pudo, zanahorias, forraje, verduras… hasta que no pudo más. Después Caballito se sintió muy mal del estómago, porque a nadie le hace bien comer en exceso. Los animales del circo empezaban a burlarse de los esfuerzos de Caballito por crecer más rápido de lo que la naturaleza le permitía, y empezó a ponerse muy triste.

Un día, amaneciendo, Nina, la linda hija pequeña de la valiente dama que hacía equilibrios a caballo, fue a donde estaba Caballito y le empezó a cepillar el pelo, a hablarle al oído muy quedo y con lindas palabras y limpiarle las pezuñas. Desde ese momento, Nina pasaba mucho tiempo jugando con Caballito todos los días y llevándolo a pasear. El tiempo pasaba, y los músculos de Caballito crecían y se fortalecían, pero aún no tanto… hasta que una hermosa mañana llegó Nina con una pequeña silla de montar y se la colocó a Caballito en el lomo, amarrándola muy firme… y lo montó. Caballito estaba feliz, pues se sentía útil y cada vez más fuerte y primero despacito y luego cada vez más rápido, Nina cabalgaba a lomo de Caballito y su amistad crecía y se fortalecía.

Así pasaron días, meses y algunos años y Caballito fue creciendo igual que Nina, y él vio como ella empezaba a hacer suertes de equilibrio sobre unas cuerdas a unos cuantos centímetros del suelo, cada vez más alto… y a enseñarle a él como cabalgar rápido, pero tan gentil y firmemente que casi no moviera más que sus piernas y muy poquito o nada, su lomo… y un buen día, Nina, que era ya una bella adolescente, se puso de pie sobre Caballito, que también era ya un joven corcel, lo suficientemente grande y fuerte para sostener a Nina haciendo suertes sobre él, y así, jinete y caballo se movieron juntos como uno solo…

Caballito no cabía en sí de la emoción el día de su debut, el mismo día que la mamá de Nina y su caballo se retiraban del espectáculo. Caballito y Nina, juntos y tan felices, hicieron muy, pero muy bien su acto, y se volvieron la sensación del circo. En todo este tiempo, Caballito había aprendido que todos los plazos se cumplen, y que en la vida hay tiempo para lograr nuestras metas más anheladas. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Nota: este cuento lo escribí para una práctica escolar de mi hija que estudia para maestra de educación especial.

Hermoso y sensible como la hemosísima y tierna imágen que lo corona ha sido y es tu bello cuento.
El hilvanado de la historia le hace armonioso y de grácil lectura y el mensaje es precioso y aleccionador, sin duda gustará mucho a quien le lea, felicidades por esta preciosa obra literaria, un gozo el disfrutarla apreciada compatriota María Rentería, mi sincero y alegre abrazo desde el Estado de México...
Tu siempre amigo: anthua62
 
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Bueno, con una "mami" así seguro que triunfa, jeje.

Me sentí niño, y estaba "embobado" según iba leyendo el avance y evolución de caballito, jejeje.
Un bonito cuento con su provechosa moraleja que marca el camino para lograr nuestras metas.
Final feliz, yo feliz! jejeje.
Un gusto acompañar tu linda obra y desearte feliz año nuevo junto a tus seres queridos.
Vidal

Jijijiji... ese es el más grande propósito de los cuentos infantiles, interpelar al niño sin importar la edad que tenga su envase, :) Muchas gracias por pasar y leer, mi querido Vidal. Te dejo mi cariño, beso tronado y un gran abrazo. Felicísimo 2017 también para ti.
 
Me ha gustado mucho María, me encanta el nombre "Caballito" le da un aire muy especial a tu bello cuento, su moraleja es sabia y adecuada para los niños. Escribes muy bien prosa igual que la poesía. Te mando un besote de 2017 desde mi más profunda amistad: Muak. Paco.

Mi querido Paco, mi mosquetero Valiente, muchas gracias por los bellos comentarios que me haces y gozo mucho que el pequeño cuento cumpla con su objetivo. Deseo un 2017 muy feliz para ti y los tuyos, y celebro la amistad que ya nos une -y que no conoce de fronteras- para que se fortalezca mucho más en este nuevo año. Mil besos de colores y sabores para ti, mi querido amigo, y abrazos de oso.
 
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Hermoso y sensible coma la hemosísima y tierna imágen que lo corona ha sido y es tu bello cuento.
El hilvanado de la historia le hace armonioso y de grácil lectura y el mensaje es precioso y aleccionador, sin duda gusratá mucho a quie le lea, felicidades por esta preciosa obra literaria, un gozo el disfrutarla apreciada compatriota maría rentería, mi seincero y alegre abrazo desde el Estado de México...
Tu siempre amigo: anthua62

Anthua querido, mil gracias por pasar y comentar con tan amable generosidad. Es un gozo muy grande para mí compartir esta prosa contigo. Te dejo mi cariño y mis mejores deseos para este 2017.
 
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Había una vez un gran circo, en el que actuaban graciosos payasos que con sus chistes hacían reír a todos, valientes trapecistas que volaban por los aires haciendo piruetas y sosteniéndose unos a otros, un domador de leones y tigres, graciosos monos e inteligentes elefantes que hacían suertes con pelotas y bancos.

Entre los animales del circo, había una yegua muy hermosa que recientemente había dado a luz a Caballito. Caballito era un potrillo muy tierno y muy hermoso, que crecía feliz al lado de su mamá. Conforme iba pasando el tiempo, se hacía amigo de todos los animales del circo, y había un caballo grande y muy fuerte, que él admiraba porque era ayuda para una dama muy bella y valiente que hacía equilibrios sobre él. Caballito, cuando fuera grande, quería hacer ese número con la bella dama, pero aún no era tan grande y tan fuerte.

Pasaba el tiempo, y Caballito no crecía tan rápido como él quería. Un día le pidió a los monos que le ataran las patas y luego le pidió a uno de los elefantes que lo jalara de ellas para ver si se le estiraban. El elefante por supuesto, pensó que estaba un poco loco, y no le hizo caso. Había un mono que era muy travieso y un poco abusivo, y le dijo que si comía mucho, pero mucho, pero mucho mucho, se iba a volver grande y fuerte con más rapidez. Ese día, Caballito comió y comió, comió y comió todo lo que pudo, zanahorias, forraje, verduras… hasta que no pudo más. Después Caballito se sintió muy mal del estómago, porque a nadie le hace bien comer en exceso. Los animales del circo empezaban a burlarse de los esfuerzos de Caballito por crecer más rápido de lo que la naturaleza le permitía, y por un tiempo estuvo muy triste.

Un día, amaneciendo, Nina, la linda hija pequeña de la valiente dama que hacía equilibrios a caballo, fue a donde estaba Caballito y le empezó a cepillar el pelo, a hablarle al oído muy quedo y con lindas palabras y limpiarle las pezuñas. Desde ese momento, Nina pasaba mucho tiempo jugando con Caballito todos los días y llevándolo a pasear. El tiempo pasaba, y los músculos de Caballito crecían y se fortalecían, pero aún no tanto… hasta que una hermosa mañana llegó Nina con una pequeña silla de montar y se la colocó a Caballito en el lomo, amarrándola muy firme… y lo montó. Caballito estaba feliz, pues se sentía útil y cada vez más fuerte y primero despacito y luego cada vez más rápido, Nina cabalgaba a lomo de Caballito y su amistad crecía y se fortalecía.

Así pasaron días, meses y algunos años y Caballito fue creciendo igual que Nina, y él vio como ella empezaba a hacer suertes de equilibrio sobre unas cuerdas a unos cuantos centímetros del suelo, cada vez más alto… y a enseñarle a él como cabalgar rápido, pero tan gentil y firmemente que casi no moviera más que sus piernas y muy poquito o nada, su lomo… y un buen día, Nina, que era ya una bella adolescente, se puso de pie sobre Caballito, que también era ya un joven corcel, lo suficientemente grande y fuerte para sostener a Nina haciendo suertes sobre él, y así, jinete y caballo se movieron juntos como uno solo…

Caballito no cabía en sí de la emoción el día de su debut, el mismo día que la mamá de Nina y su caballo se retiraban del espectáculo. Caballito y Nina, juntos y tan felices, hicieron muy, pero muy bien su acto, y se volvieron la sensación del circo. En todo este tiempo, Caballito había aprendido que todos los plazos se cumplen, y que en la vida hay tiempo para lograr nuestras metas más anheladas. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Nota: este cuento lo escribí para una práctica escolar de mi hija que estudia para maestra de educación especial.
Ayyy María qué cuento tan bonito y constructivo para los niños, no han de tener prisa por crecer, sino que despacito y con constancia alcanzarán todas sus metas. Me ha encantado leerte querida amiga. Tu hija quedaría muy contenta y seguro que los niños de su cole también. Besazos para madre e hija y mi más sincera felicitación.....muááááácksss...
 

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