crisantemo
Poeta fiel al portal
A contraluz en el monte,
dos mulos de capa blanca,
con las alforjas repletas
con aceitunas, avanzan
a paso lento hacia el río,
camino de la almazara.
Es un espejo de azogue
la superficie del agua.
El mulero ensimismado
maldice esa vida ingrata:
«Para el dueño del cortijo
son monedas de oro y plata,
para mi tan solo cobre
en los brazos y en la cara».
En eso piensa el muchacho
cuando nota la punzada.
En las orillas del río,
unos ojos lo apuñalan,
cerca del viejo molino
un ruiseñor se acicala.
Oye una voz en los juncos
que al muchacho pone en guardia:
—no devuelvas la mirada,
aunque parezca inocente,
dos filos tiene esa daga,
te dolerá de no verla
y no podrás olvidarla.
Y en este sueño me hallo
prisionero aquí y ahora
tu carta es ave canora,
primavera, mes de mayo,
en la negrura es el rayo.
Una alquimia un frenesí
un perfume de alhelí
escrito en el viento. Leo,
y en las palabras te veo,
mi preciado colibrí.
dos mulos de capa blanca,
con las alforjas repletas
con aceitunas, avanzan
a paso lento hacia el río,
camino de la almazara.
Es un espejo de azogue
la superficie del agua.
El mulero ensimismado
maldice esa vida ingrata:
«Para el dueño del cortijo
son monedas de oro y plata,
para mi tan solo cobre
en los brazos y en la cara».
En eso piensa el muchacho
cuando nota la punzada.
En las orillas del río,
unos ojos lo apuñalan,
cerca del viejo molino
un ruiseñor se acicala.
Oye una voz en los juncos
que al muchacho pone en guardia:
—no devuelvas la mirada,
aunque parezca inocente,
dos filos tiene esa daga,
te dolerá de no verla
y no podrás olvidarla.
Y en este sueño me hallo
prisionero aquí y ahora
tu carta es ave canora,
primavera, mes de mayo,
en la negrura es el rayo.
Una alquimia un frenesí
un perfume de alhelí
escrito en el viento. Leo,
y en las palabras te veo,
mi preciado colibrí.