Ay vida, la noche
tan blanca con una paloma
escurriéndose entre los dedos
(sin escusas, solo por naturaleza),
esperando guardarse
al despertar de la hija de la mañana.
Y Tan débil y tenue
como la sonrisa y los ayeres,
ayeres que cultivan jazmines,
ayeres que no lloran,
pero cuanto callan.
Cuantas sonrisas mueren en ellos
sepultadas entre rocas y concreto
indefinidamente muertas
indefinida mente alegres.
Ay vida, mi vida
no te quiero, pero cuanto te extraño
tal vez no te extrañe
¿Pero….?
cuanto te quiero.
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