hugui
Poeta recién llegado
iTelevisión a la carta!, ¡já!
Navegar, ¡já!, más bien naufragar
Ha de ser que como humanos
necesitamos creer al menos
que tenemos el control, sí,
mínimamente creerlo.
Y aunque la nube ha de viajar
relajada a merced del viento,
ojo que los escapes no son vicios
pero pueden ser el inicio.
Como hoy que despierto no sé por qué
pensando en una canción sugerente
de Luis Alberto Spinetta,
Muchacha ojos de papel.
Era él que en la Red explicaba
el significado del título curioso,
y en eso he aquí que le doy
a una sugerencia relacionada.
El Flaco en su último tiempo
disfrutaba recostado aplaudiendo
al son de una animada canción
de los llamados Beatles uruguayos.
¿Cómo así?, ¿Cuál es la historia
de estos Shakers? Me transporto
al instante y qué interesante,
hasta Charly García y compañía
han versionado Rompan todo.
Y la voz es del propio Sandro
... del que por cierto nunca he visto
una entrevista. Justo aquí hay una
donde le hablan de un tal Fischer,
ajedrecista él, según dicen
que siempre estaba pendiente
de cuanto tema nuevo sacara el primero...
Vaya admirador, aquí está,
Robert Fischer, en efecto, ajedrecista
y de los mejores que hubieron,
que ganó todo y abandonó por miedo a perder,
medio judío pero admirador de Hitler,
exiliado y exhumado, hijo de no se sabe
qué padre, padre de no se sabe qué hijo.
¿Que Adolfo, antes dos veces
rechazado de una academia de arte,
tenía una pequeña amiga judía?
Así es, según descubro, como también
que su hermosa relación es cortada
y al poco tiempo estalla la guerra.
Que fueron millones los muertos,
que se defendieron pero no pudieron,
¿y que ahora encarcelan a los que lo niegan?
Pues a no ir diciendo que lo de las cámaras
no eran más que simples cucarachas.
¿Esto fue dicho o solo era el dicho
de un tío malo? No doy con la respuesta,
pero a las cucarachas les gusta la cerveza
y viven hasta una semana sin cabeza.
Vaya cosas que uno se encuentra
y se me hace que podría seguir y seguir,
pero aquí doy por acabado éste
que daría tanto para poema sin fin
como de infinitas versiones.
Y nada más puedo decir,
no sé cómo llegué hasta aquí
y ya casi no recuerdo
de dónde es que partí.
Navegar, ¡já!, más bien naufragar
Ha de ser que como humanos
necesitamos creer al menos
que tenemos el control, sí,
mínimamente creerlo.
Y aunque la nube ha de viajar
relajada a merced del viento,
ojo que los escapes no son vicios
pero pueden ser el inicio.
Como hoy que despierto no sé por qué
pensando en una canción sugerente
de Luis Alberto Spinetta,
Muchacha ojos de papel.
Era él que en la Red explicaba
el significado del título curioso,
y en eso he aquí que le doy
a una sugerencia relacionada.
El Flaco en su último tiempo
disfrutaba recostado aplaudiendo
al son de una animada canción
de los llamados Beatles uruguayos.
¿Cómo así?, ¿Cuál es la historia
de estos Shakers? Me transporto
al instante y qué interesante,
hasta Charly García y compañía
han versionado Rompan todo.
Y la voz es del propio Sandro
... del que por cierto nunca he visto
una entrevista. Justo aquí hay una
donde le hablan de un tal Fischer,
ajedrecista él, según dicen
que siempre estaba pendiente
de cuanto tema nuevo sacara el primero...
Vaya admirador, aquí está,
Robert Fischer, en efecto, ajedrecista
y de los mejores que hubieron,
que ganó todo y abandonó por miedo a perder,
medio judío pero admirador de Hitler,
exiliado y exhumado, hijo de no se sabe
qué padre, padre de no se sabe qué hijo.
¿Que Adolfo, antes dos veces
rechazado de una academia de arte,
tenía una pequeña amiga judía?
Así es, según descubro, como también
que su hermosa relación es cortada
y al poco tiempo estalla la guerra.
Que fueron millones los muertos,
que se defendieron pero no pudieron,
¿y que ahora encarcelan a los que lo niegan?
Pues a no ir diciendo que lo de las cámaras
no eran más que simples cucarachas.
¿Esto fue dicho o solo era el dicho
de un tío malo? No doy con la respuesta,
pero a las cucarachas les gusta la cerveza
y viven hasta una semana sin cabeza.
Vaya cosas que uno se encuentra
y se me hace que podría seguir y seguir,
pero aquí doy por acabado éste
que daría tanto para poema sin fin
como de infinitas versiones.
Y nada más puedo decir,
no sé cómo llegué hasta aquí
y ya casi no recuerdo
de dónde es que partí.
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