Aristas del Cúbico Espejo

Luciano Níscalo

Poeta recién llegado
Aristas del cúbico espejo cuatro caras:
Noche | mediodía | crepúsculo | alba:
Invisibles instantes de espadas como puentes,
invirtiendo pilares, cruzan, encontrando fuentes
sus luces diagonales, trenzadas en el foco por hadas.


I​

Quieta Luna en su plateado trono de vaho helado y agua.
Calma manta de oscuridad clara,…
¡de pronto avasallada!,
cae desde el fondo a su espalda,
¡Sol!
arrojada pelota por Dios;
Con su inmensa capa azul ventada,
palpitando abrazó la noche y
extinguíosla en un soplido instante!
-Humeando negror, en el pasto quedó…

Pronto cede el sol bajo su peso,
rápido sucumbiendo,
sangra,
fulgurando las espaldas a las montañas.
Desde la cara opuesta lo ve caer su Espejo. Inverso de tiempo,
inflase de vida y sube al centro
sonriendo burlas sus presumidos rayos.


II​

Entre los confusos arbustos crujen pasos.
Es el fantasma de la luna, que menguante me llama.
Arrastra su capa de noche por el pasto,
seis lánguidas estrellas
le cuelgan como falsas perlas.

Gacho su cuerno me susurra, lenta:
Sibilina voz de mujer, sabia, vieja,
sensual-gélida, honda-gruesa,
rítmicos ecos de agua y piedra…:

Ven, acércate, no tengas miedo, no soy más que tu sideral espejo,
Tu ojo en el cielo negro: …tuya frente.

Sé que el calor te quema, Sé que la luz te ciega,
Ven!, cúbrete en el manto de mis mudos cantos:
Hipnotizado por su aliento
fragante de nocturnos nardos,
camine pausado, pero sin dudarlo.
Me acercaba y ella crecía, aún con el cuerno gacho.
Me miraba de pronto a sus pies,
entre plateadas pestañas
oleando el pasto,
mis dedos aguando.
-Alzó su capa y me cubrió…


III​

Flotando quedé ciego.
En el bolsillo de mi desnudo pecho
algo pesaba helado.
Abrí mi piel,
y ahí estaba ella: en eclipse, una sortija.
Queriéndola besar la tome entre mis manos,
pero al rozarla desapareció, humo blanco,
diluyendo húmedos dedos en mi mejilla.
Cerré los ojos.

Negro flotando, pesa ahora en mi pecho un dado:
De espejos: cuatro caras, y las aristas: espadas.

Lo boto a mis pies y suspendido cae siempre en vértice:
Girando su reflejo, titilan ocho las lunas y tres los soles:
Se desmoronan los pilares, se desdoblan las espadas,
en mi cúpula frente, ¡danzarinas luces topadas!
Besándose las caras,
estrellando y enlazando sus dedos de albor,
sus dedos de agua:
Diluyendo caricias, aplaudiendo sones,
chapoteando las fuentes,
la Niña-mente...
 

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