MaharetBlack
Poeta recién llegado
Arbol de Plata
Esta es la historia
De un árbol de plata
De una dama de cabellos negros
Y de un caballero de hojalata.
El arbol de plata cantaba tintineando
Y los pajarillos se posaban trinando
El río bajaba por las piedras rugiendo
Y el viento danzaba riendo.
La dama de cabellos negros
Una dama triste y hermosa se sentó
Al pie del Arbol de Plata.
Las lágrimas corrían por su albo rostro.
Salían de sus ojos azules como pequeños diamantitos
una carta en las manos
Un olor a podredumbre se alzó desde el pergamino, y ella al río lo lanzó.
Vagó por tierras frías y extrañas
Por tierras desiertas y pobladas
Y los diamantes le caían de los ojos como carámbanos de hielo.
Un caballero, intrigado por un largo sendero de diamantes que se perdía en el infinito, montó su caballo y cabalgó
Por las grandes ciudades y los grandes desiertos
Y preguntaba el origen de los diamantes
Pero nadie le contestaba.
Entonces siguió el sendero que no llevaba a ninguna parte
Y al árbol de plata llegó.
Allí estaba la doncella clara
Yerta y helada
Adornada con sus propias lágrimas.
Las hojas plateadas le caían encima
Y de lecho le servían.
¡Pobre doncella!
Pensó el caballero,
¿de qué moriría?
Mientras el árbol de Plata se deshojaba sin remedio
El caballero de hojalata miraba apesadumbrado
A la doncella de rostro triste.
Entonces, cuando cayó la ultima hoja,
Ella y el árbol desaparecieron
Y el corcel también.
El caballero despertó de su ensueño
Y nunca más se volvió a oír canción como esta
En las salas del Rey.
Esta es la historia
De un árbol de plata
De una dama de cabellos negros
Y de un caballero de hojalata.
El arbol de plata cantaba tintineando
Y los pajarillos se posaban trinando
El río bajaba por las piedras rugiendo
Y el viento danzaba riendo.
La dama de cabellos negros
Una dama triste y hermosa se sentó
Al pie del Arbol de Plata.
Las lágrimas corrían por su albo rostro.
Salían de sus ojos azules como pequeños diamantitos
una carta en las manos
Un olor a podredumbre se alzó desde el pergamino, y ella al río lo lanzó.
Vagó por tierras frías y extrañas
Por tierras desiertas y pobladas
Y los diamantes le caían de los ojos como carámbanos de hielo.
Un caballero, intrigado por un largo sendero de diamantes que se perdía en el infinito, montó su caballo y cabalgó
Por las grandes ciudades y los grandes desiertos
Y preguntaba el origen de los diamantes
Pero nadie le contestaba.
Entonces siguió el sendero que no llevaba a ninguna parte
Y al árbol de plata llegó.
Allí estaba la doncella clara
Yerta y helada
Adornada con sus propias lágrimas.
Las hojas plateadas le caían encima
Y de lecho le servían.
¡Pobre doncella!
Pensó el caballero,
¿de qué moriría?
Mientras el árbol de Plata se deshojaba sin remedio
El caballero de hojalata miraba apesadumbrado
A la doncella de rostro triste.
Entonces, cuando cayó la ultima hoja,
Ella y el árbol desaparecieron
Y el corcel también.
El caballero despertó de su ensueño
Y nunca más se volvió a oír canción como esta
En las salas del Rey.