GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Aplaudieron
cuando la obra ya no necesitaba testigos,
cuando el error había cumplido su función
y la forma ineludible
estaba a salvo.
El aplauso llegó
cuando ya estaban guardando los cables,
cuando la luz había vuelto a ser blanca,
el escenario quedó en silencio
y nadie se preguntaba nada.
Aplaudieron
como se aplaude a veces:
para cerrar,
para salir,
para que alguien diga
“bueno, ya está”.
No vino del centro de la sala
sino del fondo,
de una mano dudosa
que chocó con otra espejada
solo por educación.
El aplauso no cambió nada.
No corrigió la afinación,
no mejoró la letra,
nadie pagó el alquiler
ni adelantó el futuro.
Llegó tarde.
G.G.G.
JUN/2026
cuando la obra ya no necesitaba testigos,
cuando el error había cumplido su función
y la forma ineludible
estaba a salvo.
El aplauso llegó
cuando ya estaban guardando los cables,
cuando la luz había vuelto a ser blanca,
el escenario quedó en silencio
y nadie se preguntaba nada.
Aplaudieron
como se aplaude a veces:
para cerrar,
para salir,
para que alguien diga
“bueno, ya está”.
No vino del centro de la sala
sino del fondo,
de una mano dudosa
que chocó con otra espejada
solo por educación.
El aplauso no cambió nada.
No corrigió la afinación,
no mejoró la letra,
nadie pagó el alquiler
ni adelantó el futuro.
Llegó tarde.
G.G.G.
JUN/2026