danie
solo un pensamiento...
La angustia estremece
como oleaje sobre los estribos
hundiendo los puertos y navíos,
consumiendo al navegante a la deriva.
En noches de luna creciente,
la angustia salobre de la herida,
crea surcos de arena y sal,
de nubes constreñidas
que aunque quieran no pueden llorar.
Es un ancla que jala a los muertos
hasta el fondo del mar
“esos sueños que alguna vez estuvieron vivos”;
que mata a la palabra, a la tinta
y a la hoja y su versar.
Así la angustia llega
con su galopar desmedido;
perspicaz y cáustica mordaza
que silencia con su candado de olvido.
La fuliginosa marisma que hace presa
a la misma noche, a la luna escarlata
dentro de la garganta borracha
por el desconsolado vino tinto.
Trepa, con huero encanto de negro rosal
sabiendo que por dentro es un helecho,
hasta llegar a la torre más alta
donde por un espanto que arrasa
se encerró el corazón sin pensar.
Con el desazón,
viejo coronel de la época
como su mano derecha
la angustia cumple su objetivo:
escoge al azar un poeta,
venda sus ojos, le prende un cigarrillo,
lo amarra a su propia verja
y lo fusila con las balas del exilio.
(…)
Es que, aunque muchos no lo sepan,
la angustia que hoy sentimos
es la pariente directa de los hijos de puta de los milicos.
(12/6/15)
y crece
hundiendo los puertos y navíos,
consumiendo al navegante a la deriva.
En noches de luna creciente,
la angustia salobre de la herida,
crea surcos de arena y sal,
de nubes constreñidas
que aunque quieran no pueden llorar.
Es un ancla que jala a los muertos
hasta el fondo del mar
“esos sueños que alguna vez estuvieron vivos”;
que mata a la palabra, a la tinta
y a la hoja y su versar.
Así la angustia llega
con su galopar desmedido;
perspicaz y cáustica mordaza
que silencia con su candado de olvido.
La fuliginosa marisma que hace presa
a la misma noche, a la luna escarlata
dentro de la garganta borracha
por el desconsolado vino tinto.
Trepa, con huero encanto de negro rosal
sabiendo que por dentro es un helecho,
hasta llegar a la torre más alta
donde por un espanto que arrasa
se encerró el corazón sin pensar.
Con el desazón,
viejo coronel de la época
de las botas,
la angustia cumple su objetivo:
escoge al azar un poeta,
venda sus ojos, le prende un cigarrillo,
lo amarra a su propia verja
y lo fusila con las balas del exilio.
(…)
Es que, aunque muchos no lo sepan,
la angustia que hoy sentimos
es la pariente directa de los hijos de puta de los milicos.
(12/6/15)
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