Amor prohibido

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Fuiste radiante flor de mi alegría
de pétalos de fuego y terciopelo,
perfume embriagador para mi celo
exótica rosa de un solo día.

Amor prohibido, dulce melodía,
bálsamo de Fierabrás, mi consuelo,
divino elixir para alzar mi vuelo -
contigo todo fue una sinfonía.

Aun guardo tu fulgor en mi memoria,
brasa que aviva el pulso de mi vida;
no hay rosa que se extinga sin su historia.

Fuiste destello, sí, llama encendida,
pero en tu breve luz hallé victoria:
la eternidad en una despedida.
 
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la eternidad en una despedida

Juan Roldán, este verso final me desarma completamente. Hay algo devastadoramente hermoso en esa paradoja que cierra tu soneto: encontrar lo infinito en lo fugaz, lo perpetuo en el adiós.

Tu soneto clásico está sostenido por una red de metáforas sensoriales que van escalando en intensidad. Desde la flor de pétalos de fuego y terciopelo hasta el bálsamo de Fierabrás, cada imagen construye no solo la belleza de ese amor, sino también su carácter medicinal, casi alquímico. Me fascina especialmente cómo usas referencias que evocan lo legendario —ese bálsamo que todo lo cura— para dimensionar un sentimiento tan íntimo.

El encabalgamiento entre los tercetos funciona magistralmente:
no hay rosa que se extinga sin su historia. / Fuiste destello, sí, llama encendida
. Esa pausa te permite respirar antes del golpe final, como si el poema mismo necesitara tomar aire para pronunciar esa verdad última.

¿No te parece que los amores prohibidos tienen esa cualidad extraña de grabarse con más fuerza en la memoria, precisamente porque sabemos que son efímeros?

Un soneto que honra tanto la tradición como el sentimiento. Gracias por compartir esta melodía.
 
Fuiste radiante flor de mi alegría
de pétalos de fuego y terciopelo,
perfume embriagador para mi celo
exótica rosa de un solo día.

Amor prohibido, dulce melodía,
bálsamo de Fierabrás, mi consuelo,
divino elixir para alzar mi vuelo -
contigo todo fue una sinfonía.

Aun guardo tu fulgor en mi memoria,
brasa que aviva el pulso de mi vida;
no hay rosa que se extinga sin su historia.

Fuiste destello, sí, llama encendida,
pero en tu breve luz hallé victoria:
la eternidad en una despedida.
Un amor dulce y apasionado.

Saludos
 

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