Apaga las luces de la incertidumbre
Acércate lentamente y olvida
Que son grandes las heridas
Que cargas en el alma.
En silencio,
En el espejo de la noche observemos
Lo viejo que se han vuelto nuestros cuerpos,
Sin miedo,
Desnúdate
Y arrópate con la mortaja de sueños húmedos.
Abrázame
Y enciéndeme con un beso acido
Que derrita mi alma,
Ámame
Y olvidemos la cruz que llevamos
En las espaldas.
No pienses en la gravedad ni en la calma
La guerra es desigual
Pero que importan las balas
Y el sonido del mundo que brama.
Vacíame
Y llévame a volar lejos de este mundo colérico
Entre la trinchera de tus piernas delgadas.
Y no abras los ojos
Que las hojas han caído,
Continuemos abrazados
Hasta que sintamos esa explosión
De partículas orgásmica
Caminar por toda la piel.
Tócame
Y déjame seguir viendo tu rostro demacrado
Surgir como un demonio en la oscuridad
Sin miedo y sin dolor
Acaríciame otra vez
Y exíliame a ese lugar donde no se habla
Donde las miradas dicen más que mil palabras
A ese momento de resurrección y muerte
Donde se bebe el manantial de tu vientre.
Unidos
Y fundidos en ese vaivén de olas
Olvidemos que ya somos dos muertos
Compartiendo el mismo ataúd.