Almas rotas

hugoescritor

Poeta que considera el portal su segunda casa
ALMAS ROTAS

Como a desgano, amanece sobre la villa. Sobre ese laberinto de infinitos pasillos, fruto de la impiedad y la codicia del hombre y donde no asecha el Minotauro pero sí lo hacen la marginalidad y la desesperanza, hasta el aire parece gris… como arrugado.
Allí, en una pequeña casilla de madera y hojalata, más que tenderse Domingo se ha derrumbado sobre su camastro. Con un quejido estira las piernas doloridas. Ha empujado toda la noche el carrito por el centro de la ciudad, recogiendo una amarga cosecha de cartones y papeles, y los años le pesan cada vez más.
Comienza entonces con el ritual diario: el balance de lo que ha ganado y lo que ha gastado en la jornada.
_A ver –se dice- , el miseria del Turco me dio cuarenta pesos por todo lo que le llevé. De eso tengo que restar los veinte de hoy para juntar los seiscientos pesos que le mando por mes a Lucía, más los quince pesos que gasté en comida y los dos del paquete de tabaco… sí, me sobran cinco pesos, toda una fortuna…
Lo que más le duele es que no siempre ha sido así. El tuvo un buen empleo en la fábrica de envases, y con lo que ganaba allí podía darles una vida decente a la Flaca y a los chicos. Hasta que la empresa quebró y de un día para el otro se quedó sin trabajo ni indemnización. Cuando ya no pudo pagar el alquiler de la casita y su mujer y los chicos tuvieron que regresar al pueblito de la provincia de Santa Fé, también se quedó sin familia.
Ella nunca pudo entender que el prefería morirse a volver a su terruño así… derrotado.
Se revuelve inquieto en el lecho. Está demasiado cansado, y no sólo físicamente.
En ese momento recuerda lo que encontró en el bolsillo del pantalón usado que le comprara a Doña Cata.
Sonríe tristemente al evocar su emoción cuando sintió el papelito y pensó por un instante que pudiera tratarse de un billete allí olvidado. ¡ Qué boludo ¡ -se increpa- ¡ Como si el pobre tipo que se vió obligado a vender la prenda pudiera andar olvidándose plata en cualquier lado…!
Abre el trozo de papel y para poder leerlo lo coloca debajo de un rayo de sol que ha comenzado a filtrarse por la ventana en falsa escuadra. Es un poema. Lee:
Difusos jinetes
la noche por rostro
cabalgan los sueños
de las almas rotas.
Y el que está dormido
sueña que él es otro
que nunca ha tenido
a su alma rota.
¡ Trampas de la mente ¡
¡ Juegos sin sentido ¡
Pues para el durmiente
no existe el olvido.
Ya que cada mañana
reestrena sus penas
cual si fueran nuevas…
¡ Eterna es su condena ¡

Cuando termina de leer, se queda pensando por un momento. Luego arruga el papel con rabia y lo arroja a un rincón. ¡ Lo dicho ¡ -murmura- ¡ El dueño anterior del pantalón también era un pobre desgraciado como yó, y para amarguras, ya me sobra con las mias…!
El cielo sobre la villa, ahora definitivamente borrascoso, semeja un sucio trapo rasgado…

FIN

 

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