Alan Cuadrado
Poeta fiel al portal
Fue un día como cualquier otro
estrictamente cualquiera, el mismo
el día en que me fui, sólo seguí el sol
en el paso de zopilotes y reptiles ponzoñosos
encontré el pórtico de la señal obtusa
desplegable de flagelante y supuesta esperanza, peyorativa osadía
ahí al mismo paso que aprieta el camino
alguna vez dije lo que no debía decirse
hice lo que no debía hacerse
me fui sin saber para donde me dirigía
causando el efecto de la lepra o de un criminal
tenía que ir, el curso no avisa, así es la vida
que sin voltear a escuchar en la sordera
que la vereda acertaba sin vista a tierra firme
alguna vez, nadie preguntó, pero andaba ahí
alguna vez el egoísmo me invadió, sólo era yo
alguna vez, el tiempo me sazonó cual alimento
mis recuerdos son rocosos y polvorientos
pues, siempre me distrajeron las piedras
las del paso, las de mi hogar, las de los sueños
me detenía sinceramente a charlar con ellas
hay piedras hermosas, divinas, piedras finas
podría respetar su encanto, pero nunca venerarlo
alguna vez me enamoré de las piedras y nunca pude amarlas
con tan solo verlas, se notaban sus grietas
pues las piedras son sólo eso, siempre hacen lo mismo y no más
al fin piedras de carne y hueso
preferiría ser carnada en una embarcación
preferiría la cima de la montaña más alta
así sobre la piedra más grande escribiría de nueva vez
que las piedras no escuchan, nunca entenderán
tampoco hablan, ni miran fijamente
mucho menos tienen sentir, no viven
protagonizan la agonía absurda de ser, estar y mostrarse como tal,
que parecen duras pero en realidad son frágiles, les encanta hundirse en la tierra,
quien es piedra destina su condena a la tierra
en un mundo de tierra la planicie se pinta de piedras
es cierto, a ellas les debo mucho, sobre todo el paso duro, el de los pies sangrantes en terrenos filosos
el de la valía autóctona, de tradición y sobreviviente de milagro
alguna vez escribí poesía en mi mundo de piedra
en ese mundo no podía imaginarme crecer una flor
hoy que he visto una y puedo decir, alguna vez escribí poesía.
estrictamente cualquiera, el mismo
el día en que me fui, sólo seguí el sol
en el paso de zopilotes y reptiles ponzoñosos
encontré el pórtico de la señal obtusa
desplegable de flagelante y supuesta esperanza, peyorativa osadía
ahí al mismo paso que aprieta el camino
alguna vez dije lo que no debía decirse
hice lo que no debía hacerse
me fui sin saber para donde me dirigía
causando el efecto de la lepra o de un criminal
tenía que ir, el curso no avisa, así es la vida
que sin voltear a escuchar en la sordera
que la vereda acertaba sin vista a tierra firme
alguna vez, nadie preguntó, pero andaba ahí
alguna vez el egoísmo me invadió, sólo era yo
alguna vez, el tiempo me sazonó cual alimento
mis recuerdos son rocosos y polvorientos
pues, siempre me distrajeron las piedras
las del paso, las de mi hogar, las de los sueños
me detenía sinceramente a charlar con ellas
hay piedras hermosas, divinas, piedras finas
podría respetar su encanto, pero nunca venerarlo
alguna vez me enamoré de las piedras y nunca pude amarlas
con tan solo verlas, se notaban sus grietas
pues las piedras son sólo eso, siempre hacen lo mismo y no más
al fin piedras de carne y hueso
preferiría ser carnada en una embarcación
preferiría la cima de la montaña más alta
así sobre la piedra más grande escribiría de nueva vez
que las piedras no escuchan, nunca entenderán
tampoco hablan, ni miran fijamente
mucho menos tienen sentir, no viven
protagonizan la agonía absurda de ser, estar y mostrarse como tal,
que parecen duras pero en realidad son frágiles, les encanta hundirse en la tierra,
quien es piedra destina su condena a la tierra
en un mundo de tierra la planicie se pinta de piedras
es cierto, a ellas les debo mucho, sobre todo el paso duro, el de los pies sangrantes en terrenos filosos
el de la valía autóctona, de tradición y sobreviviente de milagro
alguna vez escribí poesía en mi mundo de piedra
en ese mundo no podía imaginarme crecer una flor
hoy que he visto una y puedo decir, alguna vez escribí poesía.