PrincesAna
Poeta recién llegado
Te veo con ella como nunca reírte,
pero a mi no me engaña tu alegría triste,
esa mirada que pretende parecer enamorada,
esconde noches de insomnio empapadas en lágrimas.
No le besas el rostro de punta a punta para despertarla,
y le dices pequeña, despierta, el día comienza
ni le besas la frente para desearle buenas noches,
y le dices duerme bien princesa, sueña con tu campo de girasoles.
Ya tu voz no es la de aquel muchacho ilusionado,
ya no hueles a sueños enamorados,
ya no caminas con los pasos del hombre apasionado,
ya no suspiras con la emoción del que ama y se sabe amado.
No eres ni la sombra del hombre que me robaba el sueño,
aquel que de mi alma podía llamarse dueño,
aquel que por las noches me llevaba al cielo,
aquel que en los días fríos me calentaba el cuerpo aún estando muy, muy lejos.
pero a mi no me engaña tu alegría triste,
esa mirada que pretende parecer enamorada,
esconde noches de insomnio empapadas en lágrimas.
No le besas el rostro de punta a punta para despertarla,
y le dices pequeña, despierta, el día comienza
ni le besas la frente para desearle buenas noches,
y le dices duerme bien princesa, sueña con tu campo de girasoles.
Ya tu voz no es la de aquel muchacho ilusionado,
ya no hueles a sueños enamorados,
ya no caminas con los pasos del hombre apasionado,
ya no suspiras con la emoción del que ama y se sabe amado.
No eres ni la sombra del hombre que me robaba el sueño,
aquel que de mi alma podía llamarse dueño,
aquel que por las noches me llevaba al cielo,
aquel que en los días fríos me calentaba el cuerpo aún estando muy, muy lejos.