LuGoth Luisa
Poeta recién llegado
Amanecí creyendo
una noche perfecta.
No vi sangre, no vi
tragedia, no vi dolor.
Acordé una hora, un
lugar, pero jamás
imaginaría se detendría
el tiempo.
Desperté angustiada
y me vi regresando
muy tarde a mi casa
junto a mi ebriedad.
Me vi sonriendo, sin
importarme la vida.
Calmada y dispuesta
para acostarme y dormir.
Despertando al día
siguiente con mi resaca
y con los rayos del
sol calándome los ojos.
Muy probablemente
repitiéndome que
no lo volvería a hacer.
Pero el destino quiso
cambiar de un día para
otro y no habría otra
forma mas que aceptarlo.
Aceptar que me equivoqué.
Jamás pensé estaría dando
explicaciones, llorando,
creyendo un accidente;
fingiendo que no pasa nada.
Nunca imagine estar
parada frente a un auto
destrozado, con sangre
sobre mi frente y veinte
litros de ebriedad.
Observando un bulto
por debajo de una
sábana blanca, implorando
lágrimas y un porqué.
Por sobre todo no me
vi tras las rejas,
evidentemente cruda
y con una madre gritándome
y mandándome al infierno.
No pensé que cargaría
con un fantasma y con
los gritos de mi conciencia
y culpabilidad.
No me vi siendo libre
cuando cargo un muerto
sobre mi espalda.
No me vi siendo asesina
cuando el cielo apago
sus luces y se dispuso
a terminar el día.
Quien me asegura
que lo que sigue...
es vida.
una noche perfecta.
No vi sangre, no vi
tragedia, no vi dolor.
Acordé una hora, un
lugar, pero jamás
imaginaría se detendría
el tiempo.
Desperté angustiada
y me vi regresando
muy tarde a mi casa
junto a mi ebriedad.
Me vi sonriendo, sin
importarme la vida.
Calmada y dispuesta
para acostarme y dormir.
Despertando al día
siguiente con mi resaca
y con los rayos del
sol calándome los ojos.
Muy probablemente
repitiéndome que
no lo volvería a hacer.
Pero el destino quiso
cambiar de un día para
otro y no habría otra
forma mas que aceptarlo.
Aceptar que me equivoqué.
Jamás pensé estaría dando
explicaciones, llorando,
creyendo un accidente;
fingiendo que no pasa nada.
Nunca imagine estar
parada frente a un auto
destrozado, con sangre
sobre mi frente y veinte
litros de ebriedad.
Observando un bulto
por debajo de una
sábana blanca, implorando
lágrimas y un porqué.
Por sobre todo no me
vi tras las rejas,
evidentemente cruda
y con una madre gritándome
y mandándome al infierno.
No pensé que cargaría
con un fantasma y con
los gritos de mi conciencia
y culpabilidad.
No me vi siendo libre
cuando cargo un muerto
sobre mi espalda.
No me vi siendo asesina
cuando el cielo apago
sus luces y se dispuso
a terminar el día.
Quien me asegura
que lo que sigue...
es vida.