Al pueblo que no resiste

El pueblo que no resiste
no solo pierde su libertad:
se le apaga la voz,
se le borra el nombre.
Y en esa obediencia obstinada,
tan dócil como silenciosa,
no hay orden:
hay final.
Es la resistencia, en cambio,
la que rompe la tierra endurecida,
la que hace florecer la cultura
y crecer —de pie— a una nación.
La resistencia es esencial para que un pueblo conserve su libertad, voz y nombre.

Saludos
 

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