Christian Solís Solís
Poeta recién llegado
AGONIA.
6:49 p.m.
Bajo la viga insensible de la que pende mi cuerpo,
lágrimas y penas se derramarán,
mas mi rostro impregnado de llanto,
al fin, al fin sonreirá.
Bajo el lamento sangrante de este ocaso olvidado,
quebrantos y lluvia se confundirán,
mas mi alma furtiva de penas,
al fin, al fin descansará.
Dolor, llanto, rencor,
deseos verdugos de quebrar
con fieros puños el nefasto
tablero de mi vida.
Lágrimas, lágrimas,
malditas lágrimas que condenan mi rostro,
detengan ya su insensible marcha suplico,
a lo legos el ocaso ya esta sollozando
en el cielo y mis ojos marchitos
ahora claman descansar.
6:52 p.m.
Veo mi imagen en el fondo de la nada,
y a mis lágrimas regar mi soledad,
veo al frío apoderarse de mi cuerpo,
y a mi aliento disiparse más y más.
Veo como el viento: sereno y triste,
me eleva lentamente entre sus brazos
y me esconde tras la luna
donde debo descansar.
Veo como mi mirada: herida, perdida,
se va alejando de mi mente
porque el cielo ha dictado
que ya tengo que marchar.
Luna, que silenciosa escuchas mi llanto,
guía el camino a tú luz ruego,
y cada noche, cuando el lamento de mi último susurro te alcance,
exclama al universo mi llanto y dibuja en el cielo,
la verdad de mi dolor.
Christian Solís Solís
6:49 p.m.
Bajo la viga insensible de la que pende mi cuerpo,
lágrimas y penas se derramarán,
mas mi rostro impregnado de llanto,
al fin, al fin sonreirá.
Bajo el lamento sangrante de este ocaso olvidado,
quebrantos y lluvia se confundirán,
mas mi alma furtiva de penas,
al fin, al fin descansará.
Dolor, llanto, rencor,
deseos verdugos de quebrar
con fieros puños el nefasto
tablero de mi vida.
Lágrimas, lágrimas,
malditas lágrimas que condenan mi rostro,
detengan ya su insensible marcha suplico,
a lo legos el ocaso ya esta sollozando
en el cielo y mis ojos marchitos
ahora claman descansar.
6:52 p.m.
Veo mi imagen en el fondo de la nada,
y a mis lágrimas regar mi soledad,
veo al frío apoderarse de mi cuerpo,
y a mi aliento disiparse más y más.
Veo como el viento: sereno y triste,
me eleva lentamente entre sus brazos
y me esconde tras la luna
donde debo descansar.
Veo como mi mirada: herida, perdida,
se va alejando de mi mente
porque el cielo ha dictado
que ya tengo que marchar.
Luna, que silenciosa escuchas mi llanto,
guía el camino a tú luz ruego,
y cada noche, cuando el lamento de mi último susurro te alcance,
exclama al universo mi llanto y dibuja en el cielo,
la verdad de mi dolor.
Christian Solís Solís