Ballenito
Poeta fiel al portal
Muy buenas compañeros, quiero compartir con vosotros un artículo que pertenece a la revista Dominical. No pone el autor, pero me pareció muy interesante.
Aquí os dejo el artículo y espero que os animeis.
ADICCIONES Y ADICTOS
Cada vez existen más adicciones y más adictos. Podemos encontrar aparte de las adicciones clásicas -alcohol, drogas, juego- personas adictas al sexo, a la sumisión, al chocolate con leche, a la comida, al ejercicio físico, al móvil o incluso adictas a vestirse de conejo de peluche o de oso. Ser adicto es ser esclavo de algo que necesitamos del exterior, nos debilita, nos hace vulnerables, convierte nuestras vidas y las de los que nos rodean en vidas reducidas que giran alrededor de algo que no tenemos. Las familias de los adictos se culpan a sí mismas y a ellos del comportamiento adictivo.
Los adictivos se culpan a sí mismos y también a sus familias. Todos culpan a eso que se llama la sociedad y que nadie sabe qué es. Mientras tanto hay gente que se forra con las adicciones de los demás.
Pero ¿qué pasaría si se demostrara que no existen las adicciones per se sino que existe gente con un cerebro inclinado hacia ellas?.
En el último némero de la prestigiosa publicación americana The New Republic se publican las últimas investigaciones científicas que apuntan a que la adicción es un proceso que empieza en la adolescencia o incluso antes, cuando el cerebro está en pleno desarrollo y los niveles de actuación por impulso son altos: una combinación letal. Usando una tecnología que permite analizar las membranas cerebrales, es posible ver que el cerebro de un adicto es diferente del de un no-adicto. Nuestros resortes son regulados por el sistema límbico, el centro del placer, que actúa sobre los impulsos básicos, comida y sexo. Estos impulsos están controlados por el córtex frontal, que es usado para los juicios de valor (cuando hay que parar de beber o de fumar por ejemplo) y sus consecuencias. En el cerebro de un adicto, parece ser que el sistema límbico no actúa de la misma manera y que el córtex frontal no permite a la persona adicta valorar las consecuencias que tiene drogarse o beber de manera desmedida. Podría decirse que, para el cerebro de un adicto, aquella cosa que es el centro de la adicción es siempre una cuestión de vida o muerte.
Estas investigaciones -de ser ciertas- llevarían a un tratamiento únicamente médico de las adicciones pero también tendrían consecuencias en la legislación y en la aplicación de la justicia. Un apersona borracha pero con córtex cerebral "adicto" que tuviera un accidente no podría ser juzgada de la misma manera que una persona con un córtex cerebral "no adicto". La habilidad y los mecanismos de control de los dos cerebros no son iguales. Por tanto, mientras uno puede medir las consecuencias de beber cinco o seis copas de vino, el otro, no. Lo mismo pasaría con la amas de casa adictas al bingo que se gastan el dinero del alquiler o con los heroinómanos que le roban el bolso a su madre. ¿Cómo podemos juzgar a estas personas si están predestinadas a hacer lo que hacen? ¿Y el libre albedrío, dónde queda el libre albedrío o la ética en este embrollo?.
En los próximos años asistiremos a nuevos descubrimientos sobre mecanismos cerebrales que rigen nuestro comportamiento y nuestras adicciones.
Perdón por tan largo artículo, pero me pareció interesante compartirlo.
Un saludo.
Ballenito.
Aquí os dejo el artículo y espero que os animeis.
ADICCIONES Y ADICTOS
Cada vez existen más adicciones y más adictos. Podemos encontrar aparte de las adicciones clásicas -alcohol, drogas, juego- personas adictas al sexo, a la sumisión, al chocolate con leche, a la comida, al ejercicio físico, al móvil o incluso adictas a vestirse de conejo de peluche o de oso. Ser adicto es ser esclavo de algo que necesitamos del exterior, nos debilita, nos hace vulnerables, convierte nuestras vidas y las de los que nos rodean en vidas reducidas que giran alrededor de algo que no tenemos. Las familias de los adictos se culpan a sí mismas y a ellos del comportamiento adictivo.
Los adictivos se culpan a sí mismos y también a sus familias. Todos culpan a eso que se llama la sociedad y que nadie sabe qué es. Mientras tanto hay gente que se forra con las adicciones de los demás.
Pero ¿qué pasaría si se demostrara que no existen las adicciones per se sino que existe gente con un cerebro inclinado hacia ellas?.
En el último némero de la prestigiosa publicación americana The New Republic se publican las últimas investigaciones científicas que apuntan a que la adicción es un proceso que empieza en la adolescencia o incluso antes, cuando el cerebro está en pleno desarrollo y los niveles de actuación por impulso son altos: una combinación letal. Usando una tecnología que permite analizar las membranas cerebrales, es posible ver que el cerebro de un adicto es diferente del de un no-adicto. Nuestros resortes son regulados por el sistema límbico, el centro del placer, que actúa sobre los impulsos básicos, comida y sexo. Estos impulsos están controlados por el córtex frontal, que es usado para los juicios de valor (cuando hay que parar de beber o de fumar por ejemplo) y sus consecuencias. En el cerebro de un adicto, parece ser que el sistema límbico no actúa de la misma manera y que el córtex frontal no permite a la persona adicta valorar las consecuencias que tiene drogarse o beber de manera desmedida. Podría decirse que, para el cerebro de un adicto, aquella cosa que es el centro de la adicción es siempre una cuestión de vida o muerte.
Estas investigaciones -de ser ciertas- llevarían a un tratamiento únicamente médico de las adicciones pero también tendrían consecuencias en la legislación y en la aplicación de la justicia. Un apersona borracha pero con córtex cerebral "adicto" que tuviera un accidente no podría ser juzgada de la misma manera que una persona con un córtex cerebral "no adicto". La habilidad y los mecanismos de control de los dos cerebros no son iguales. Por tanto, mientras uno puede medir las consecuencias de beber cinco o seis copas de vino, el otro, no. Lo mismo pasaría con la amas de casa adictas al bingo que se gastan el dinero del alquiler o con los heroinómanos que le roban el bolso a su madre. ¿Cómo podemos juzgar a estas personas si están predestinadas a hacer lo que hacen? ¿Y el libre albedrío, dónde queda el libre albedrío o la ética en este embrollo?.
En los próximos años asistiremos a nuevos descubrimientos sobre mecanismos cerebrales que rigen nuestro comportamiento y nuestras adicciones.
Perdón por tan largo artículo, pero me pareció interesante compartirlo.
Un saludo.
Ballenito.