silveriddragon
Poeta adicto al portal
Sin sentimientos es el origen de la venganza y de la traición. Dichosos aquellos que sienten, pues jamás serán tentados por el frío acero.
I
Adele estaba desvelada y se sentía exhausta. Caminaba automáticamente por el pasillo de ese edificio de departamentos dentro de una unidad habitacional llena de otros tantos edificios. No va sola. Está acompañada de una de sus amigas quien procura que no se vaya a caer pues tambalea de vez en vez.
Con muchos tragos encima y quizás algo de droga, su vista está nublada. Sus ojos irritados contrastan con la pulcritud de su vestido negro que está un tanto entallado y permite que admires su figura delgada pero sin rastros de haber realizado ejercicio.
Necesita droga. Su cuerpo se lo pide. Lo necesita ya.
Así que camina ahora temblando un poco. Su amiga la lleva de la mano. Es un cuadro un tanto patético.
Al llegar al final del pasillo tocan la puerta y esperan mordiéndose las uñas. - ¿Por qué tardan tanto carajo? - dice Adele en voz alta mientras se toma la frente.
Después de un rato la puerta se abre y un hombre con camisa hawaiana y pantalones cortos les abre y las hace pasar sin decir nada. - Missy, ¡ya te dije que no me traigas clientes a estas horas de la noche! Tengo una reputación que cuidar. Mis vecinos creen que soy un corredor de la bolsa.
- Jajaja.. ¡Tú! ¿corredor de la bolsa? ¡No inventes!
- Algo tengo que decir. Bueno, ¿que quieres Missy?
- Que va a ser. Un cartucho, rápido. Mi amiga está por desmayarse.
- Uhh, tu amiga está muy mal. Le voy a dar algo más fuerte. Algo nuevo que me llegó ayer. Una ampollita de esto y va a levantarse en un segundo. Espérame.
El hombre entró a una habitación y buscó una jeringa y dos ampolletas. La jeringa estaba usada pero le importaba poco. La cliente en cuestión parecía ya una muerta en vida. Ni siquiera revisó que tenía restos de otro componente. Tenía sueño y quería irse a dormir.
Rapidamente preparó el polvo con las ampolletas y usó la jeringa. Al terminar el líquido transparente se tornó amarillo pero no le tomó atención. Luego salió y dijo - Madre mía. Tu amiga está temblando. Agarrala. Ahí voy.
Missy tomó a Adele y le dijo que esperara. El hombre la inyectó con prisa y les dijo. - ¡Listo Missy! Luego me pagas. No pueden quedarse. Llevatela y en unos 5 minutos máximo ella estará mejor.
Adele salió con Missy temblando aún. - ¿Qué me diste Missy?
- Tranquila amiga. Este proveedor sabe lo que hace. Calma. Vamos, ya te pondrás mejor.
Ambas mujeres jóvenes que no rebasaban los 20 años iban caminando con minivestidos negros, carteras pequeñas, maquillaje sencillo y llamativo. Venían de un barrio muy pobre a las fiestas de la gente de esos departamentos.
- ¡Ya no aguanto Missy!
- Ven, ven. Sentémonos.
Llegaron cerca del ascensor y se sentaron a un lado de la puerta. Pidieron el elevador. Adele dejó de temblar pero su mirada se perdió. Sus pupilas se dilataron.
- ¿Qué tienes Adele?
Ella no respondió.
- ¡No me espantes carajo! ¿Qué tienes?
Mientras levantaba la mirada sufrió unos espasmos extraños que la hicieron toser. Luego sus ojos se abrieron una mirada diferente. Sus labios no tenían expresión. Luego sus manos tomaron sus piernas.
- Missy, me siento rara.
- ¿Qué? ¿Qué sientes?
- Veo distorsionado. Como un televisor que cambia de canal. Te veo y luego veo algo que parpadea como una red. Una niña.
- Carajo. A ver, ven.
Missy le revisó los ojos y notó un punto azul creciendo en sus púpilas. El café estaba cambiando a azul. - ¿Qué es esto? ¡Tu cabello!
Apresuradamente sacó un espejo de maquillaje de su bolso y le mostró a Adele. - ¡Mira! Tu cabello se está poniendo azul.
Era un azul brillante. Adele no sentía dolor. El temblor de sus manos y piernas cesó.
- La niña, la niña, la niña. Me dice algo.
Missy estaba horrorizada, su amiga ahora tenía los labios un tanto ennegrecidos. Aunque parecía estar bien su aspecto seguía cambiando.
- "Sin sentimientos es el origen de la traición y de la venganza"
- ¡Adele! ¡Adele!
Missy corrió hasta la puerta del proveedor pues no sabía que hacer. No recibió respuesta. Mientras Adele tomó el ascensor. Sola. Su mirada iba perdida. Físicamente ahora parecía una muñeca tipo anime de carne y hueso. Repetía una y otra vez - Me siento tan bien...
I
Adele estaba desvelada y se sentía exhausta. Caminaba automáticamente por el pasillo de ese edificio de departamentos dentro de una unidad habitacional llena de otros tantos edificios. No va sola. Está acompañada de una de sus amigas quien procura que no se vaya a caer pues tambalea de vez en vez.
Con muchos tragos encima y quizás algo de droga, su vista está nublada. Sus ojos irritados contrastan con la pulcritud de su vestido negro que está un tanto entallado y permite que admires su figura delgada pero sin rastros de haber realizado ejercicio.
Necesita droga. Su cuerpo se lo pide. Lo necesita ya.
Así que camina ahora temblando un poco. Su amiga la lleva de la mano. Es un cuadro un tanto patético.
Al llegar al final del pasillo tocan la puerta y esperan mordiéndose las uñas. - ¿Por qué tardan tanto carajo? - dice Adele en voz alta mientras se toma la frente.
Después de un rato la puerta se abre y un hombre con camisa hawaiana y pantalones cortos les abre y las hace pasar sin decir nada. - Missy, ¡ya te dije que no me traigas clientes a estas horas de la noche! Tengo una reputación que cuidar. Mis vecinos creen que soy un corredor de la bolsa.
- Jajaja.. ¡Tú! ¿corredor de la bolsa? ¡No inventes!
- Algo tengo que decir. Bueno, ¿que quieres Missy?
- Que va a ser. Un cartucho, rápido. Mi amiga está por desmayarse.
- Uhh, tu amiga está muy mal. Le voy a dar algo más fuerte. Algo nuevo que me llegó ayer. Una ampollita de esto y va a levantarse en un segundo. Espérame.
El hombre entró a una habitación y buscó una jeringa y dos ampolletas. La jeringa estaba usada pero le importaba poco. La cliente en cuestión parecía ya una muerta en vida. Ni siquiera revisó que tenía restos de otro componente. Tenía sueño y quería irse a dormir.
Rapidamente preparó el polvo con las ampolletas y usó la jeringa. Al terminar el líquido transparente se tornó amarillo pero no le tomó atención. Luego salió y dijo - Madre mía. Tu amiga está temblando. Agarrala. Ahí voy.
Missy tomó a Adele y le dijo que esperara. El hombre la inyectó con prisa y les dijo. - ¡Listo Missy! Luego me pagas. No pueden quedarse. Llevatela y en unos 5 minutos máximo ella estará mejor.
Adele salió con Missy temblando aún. - ¿Qué me diste Missy?
- Tranquila amiga. Este proveedor sabe lo que hace. Calma. Vamos, ya te pondrás mejor.
Ambas mujeres jóvenes que no rebasaban los 20 años iban caminando con minivestidos negros, carteras pequeñas, maquillaje sencillo y llamativo. Venían de un barrio muy pobre a las fiestas de la gente de esos departamentos.
- ¡Ya no aguanto Missy!
- Ven, ven. Sentémonos.
Llegaron cerca del ascensor y se sentaron a un lado de la puerta. Pidieron el elevador. Adele dejó de temblar pero su mirada se perdió. Sus pupilas se dilataron.
- ¿Qué tienes Adele?
Ella no respondió.
- ¡No me espantes carajo! ¿Qué tienes?
Mientras levantaba la mirada sufrió unos espasmos extraños que la hicieron toser. Luego sus ojos se abrieron una mirada diferente. Sus labios no tenían expresión. Luego sus manos tomaron sus piernas.
- Missy, me siento rara.
- ¿Qué? ¿Qué sientes?
- Veo distorsionado. Como un televisor que cambia de canal. Te veo y luego veo algo que parpadea como una red. Una niña.
- Carajo. A ver, ven.
Missy le revisó los ojos y notó un punto azul creciendo en sus púpilas. El café estaba cambiando a azul. - ¿Qué es esto? ¡Tu cabello!
Apresuradamente sacó un espejo de maquillaje de su bolso y le mostró a Adele. - ¡Mira! Tu cabello se está poniendo azul.
Era un azul brillante. Adele no sentía dolor. El temblor de sus manos y piernas cesó.
- La niña, la niña, la niña. Me dice algo.
Missy estaba horrorizada, su amiga ahora tenía los labios un tanto ennegrecidos. Aunque parecía estar bien su aspecto seguía cambiando.
- "Sin sentimientos es el origen de la traición y de la venganza"
- ¡Adele! ¡Adele!
Missy corrió hasta la puerta del proveedor pues no sabía que hacer. No recibió respuesta. Mientras Adele tomó el ascensor. Sola. Su mirada iba perdida. Físicamente ahora parecía una muñeca tipo anime de carne y hueso. Repetía una y otra vez - Me siento tan bien...