Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
si me pones esa sonrisita
y ese gesto picarón
cómo voy a resistirme
a manifestar la sensación
de en un abrazo fundirme
y asegurarte con pasión:
¡Abuelita cuánto te llego a querer!
No te cabe en la imaginación
lo importante que llegas a ser.
Cuánto agradezco tu dedicación,
y la paciencia que llegaste a tener,
con este nieto inquieto y burlón.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
ya des de bien pequeñita
la vida te dio un desazón
y es que eras muy jovencita
cuando así, de sopetón
mamá te dejo huerfanita
y una dura aflicción.
Pero qué valiente fuiste,
como el más bravo centurión
hacia delante saliste
sin dar lugar a retrocesión
y en ama de casa te convertiste,
para siempre ya tu profesión.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
recuerdo cuando esperabas ahíta
para dar a mi tardanza sermón
pero enseguida el enfado se pasaba
y corrías tupido telón
para cenar lo que más me gustaba
y encima ¡Doble ración!
Qué recuerdos más bonitos
con tanta felicidad y satisfacción
no puedo remediar poner ojitos
ni expresar gran emoción
al recordar tantos momentitos
alegres en nuestra relación.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
amaneció junto a ti una mañanita
la enfermedad de la recesión
y así, de golpe y porrazo
sin ningún tipo de compasión
destrozó como un mazo
los recuerdos de tu razón.
A nadie pretendo engañar
fue muy dura la adaptación,
costó bastante el aceptar
que aquello no tenía solución
y que ahora nos tocaba caminar
a tu lado pero en otra dirección.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
el dolor con tiempo se quita
ahora sólo queda la ilusión
de verte feliz día a día
sin ninguna excepción
lo mismo da por tontería
que por una gran reflexión.
¿Qué ya no puedes recordar?
¿Qué ya no todo lo entiende tu razón?
Jamás te vuelvas a preocupar
tu cerebro será mi corazón,
que ése nunca va olvidar
y siempre te prestará atención.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
esta composición aquí escrita
recordar no pruebes con obsesión
tan sólo son versos que dan constancia
en forma de confesión
de que siento por ti y tu elegancia
mucho cariño y admiración.
Mas si un día los olvidas
no muestres preocupación
porque aunque tú no me lo pidas
por mi necesidad y vocación
te recordaré en una y mil vidas
que eres la abuelita de mi corazón.
abuelita de mi corazón,
si me pones esa sonrisita
y ese gesto picarón
cómo voy a resistirme
a manifestar la sensación
de en un abrazo fundirme
y asegurarte con pasión:
¡Abuelita cuánto te llego a querer!
No te cabe en la imaginación
lo importante que llegas a ser.
Cuánto agradezco tu dedicación,
y la paciencia que llegaste a tener,
con este nieto inquieto y burlón.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
ya des de bien pequeñita
la vida te dio un desazón
y es que eras muy jovencita
cuando así, de sopetón
mamá te dejo huerfanita
y una dura aflicción.
Pero qué valiente fuiste,
como el más bravo centurión
hacia delante saliste
sin dar lugar a retrocesión
y en ama de casa te convertiste,
para siempre ya tu profesión.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
recuerdo cuando esperabas ahíta
para dar a mi tardanza sermón
pero enseguida el enfado se pasaba
y corrías tupido telón
para cenar lo que más me gustaba
y encima ¡Doble ración!
Qué recuerdos más bonitos
con tanta felicidad y satisfacción
no puedo remediar poner ojitos
ni expresar gran emoción
al recordar tantos momentitos
alegres en nuestra relación.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
amaneció junto a ti una mañanita
la enfermedad de la recesión
y así, de golpe y porrazo
sin ningún tipo de compasión
destrozó como un mazo
los recuerdos de tu razón.
A nadie pretendo engañar
fue muy dura la adaptación,
costó bastante el aceptar
que aquello no tenía solución
y que ahora nos tocaba caminar
a tu lado pero en otra dirección.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
el dolor con tiempo se quita
ahora sólo queda la ilusión
de verte feliz día a día
sin ninguna excepción
lo mismo da por tontería
que por una gran reflexión.
¿Qué ya no puedes recordar?
¿Qué ya no todo lo entiende tu razón?
Jamás te vuelvas a preocupar
tu cerebro será mi corazón,
que ése nunca va olvidar
y siempre te prestará atención.
Abuelita, abuelita,
abuelita de mi corazón,
esta composición aquí escrita
recordar no pruebes con obsesión
tan sólo son versos que dan constancia
en forma de confesión
de que siento por ti y tu elegancia
mucho cariño y admiración.
Mas si un día los olvidas
no muestres preocupación
porque aunque tú no me lo pidas
por mi necesidad y vocación
te recordaré en una y mil vidas
que eres la abuelita de mi corazón.