johnamianto
Poeta recién llegado
A Eduardo y Vladimir
Una vegetación marina
oculta el anillo de fuego de la voz.
Visiones eclipsadas por el lenguaje.
Profanando el tiempo
desafiando los límites
sin más armas
que la desesperación
sin más brújula
que el instinto
y siempre callando.
No era el tesoro de la sangre
no era la mujer pálida
de cabellos color insomnio
no fue el rayo de luz
atravesando las miradas
era la palabra no dicha
el espejo reflejando al espejo
la lujuriosa disonancia
de los cuerpos
danzando alrededor
de la hoguera
de los años.
Hundirse hasta poblarlo todo.