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Yo te hubiera querido mi tierna flor de abril,
quizás sin la belleza de los años tempranos,
quizás sin yo saber del amar sin desganos,
pero fuiste un latido tardío e infantil.
Hay quien al fiel amor lo descubre gentil
cuando la suave rosa se entrega con sus manos
y otro, cuando lo triste de los tiempos lejanos
le muestra tiene dueño su figura sutil.
Yo, soy aquel que tarde tu miel ha percibido
ya que toda dulzura se prueba en pura esencia
y no por un impulso de vivir lo perdido.
¡Tarde niña!, ¡qué tarde que sentí tu presencia!
Hay quien al fiel amor lo abraza de seguido
y otro que lo recuerda por cruzarlo en su ausencia
con la amarga sentencia
de ver que todo tiene un tiempo en esta vida
y saber que su paso le ha dejado una herida.
Muchísimas gracias, Nancy, eres muy generosa al volver a leer estas simples letras. Te agradezco como siempre tu comentario y compañía. Gracias por todo.
Te deseo también que tengas una bella tarde.
Un saludo enorme y mis mejores deseos.