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A Silvio, y a su guitarra,
que alguna vez toqué con mis manos.
Y qué decir, amigo camarada,
qué decir viejo compañero de las cuerdas,
del silencio de los que oyen,
de la ceguera de los que ven,
de la ignorancia de los que saben.
Y qué decir, amigo de las calles sin fronteras...
Sobre el poema
Durante la vida, he dedicado a Silvio Rodríguez varios poemas, aunque supongo que él no lo sepa; y seguramente no recuerda ni de mi existencia, pues no conversamos hace casi 50 años. Probablemente este sea el primero de esos poemas.
GUITARRA AÑEJA
(Cincuenta años después)...